"Africanus: el hijo del cónsul", una novela de Santiago Posteguillo

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Africanus: el hijo del cónsulPara un escritor, ambientar su novela en la Roma antigua puede ser la clave para obtener un éxito casi seguro. La combinación del escenario romano con una trama interesante y bien narrada ha demostrado en las últimas décadas ser una fórmula que no sólo atrae al público especializado sino también a las grandes masas de consumidores de best seller que, sin ser especialmente aficionados a la Historia Antigua, se dejan seducir con facilidad por esta temática. Como prueba, tenemos las novelas de Colleen McCollough, inmensos volúmenes de más de mil páginas que se han convertido en un éxito de ventas en todo el mundo pese a que su lectura no puede tacharse de sencilla. Menos ambiciosas pero con el mismo éxito comercial son las novelas de Lindsey Davis con el detective Marco Didio Falco como protagonista. Por norma general, son novelas, éstas y otras, con tramas sencillas pero que tienen en común una buena labor de documentación previa. Como sabe todo escritor de novela histórica, antes de escribir una palabra, hay que leer un millón.

En España, el éxito editorial ligado a las novelas históricas de temática romana viene de la mano de Santiago Posteguillo, autor hasta el momento de cinco novelas ambientadas en la Antigüedad clásica. En estos momentos, Posteguillo se encuentra inmerso en los últimos retoques de la tercera entrega de una trilogía ambientada en la época del emperador Trajano. Sin embargo, la saga que le catapultó a la fama fue la que dedicó a un periodo mucho más temprano de la Historia de Roma, a un personaje fascinante que cambió la forma de entender la política en la Urbe: Escipión el Africano. El primer volumen de esta trilogía, "Africanus: el hijo del cónsul" nos sitúa en las postrimerías del siglo III a.C., un momento en el que Roma ha alcanzado nuevas cotas de esplendor. Tras haber derrotado a Cartago en la Primera Guerra Púnica, es la dueña de Italia y el Mediterráneo occidental, y su clase dirigente, la aristocracia senatorial, gobierna con altivez y orgullo las tierras conquistadas. Sin embargo, un nuevo peligro comienza a surgir en el horizonte sin que ninguno de los miembros de la nobilitas sea capaz de verlo acercarse. Aníbal Barca, orgulloso hijo del general Amílcar, ha asentado el poder de Cartago en la Península Ibérica y se dispone a dar el paso que devolverá la gloria a su patria: atacar a la propia Roma. Estalla de este modo la Segunda Guerra Púnica, un conflicto en el que la existencia de la propia Urbe llegará a verse en peligro.

En estos años se desarrolla la infancia y la juventud de Publio Cornelio Escipión, prometedor aristócrata, hijo y sobrino de cónsules y militar llamado a salvar Roma de la amenaza de Aníbal. Con singular maestría, Santiago Posterguillo nos hace meternos en la piel de este personaje, sentir sus miedos, la presión a la que estaba sometido un joven aristócrata por estar a la altura de lo que se esperaba de él y su familia. El Escipión de Posteguillo supera los tópicos y logra convertirse en una personificación de lo que era Roma en aquel momento: orgullo, ambición y perseverancia. Junto a Escipión desfilan por las páginas de esta novela un gran número de personajes dibujados con precisión. Los Escipiones de la anterior generación, maestros y tutores del joven que salvaría a Roma en el futuro. El gran Fabio Máximo, el romano con mayor poder en la Roma del momento, enemigo secular de la gens Cornelia. El joven y ambicioso Cayo Catón, el que en su madurez será el paradigma de la severidad y el rigorismo romanos.

Es, sin embargo, un personaje en apariencia secundario y sin apenas intervención en la trama principal el que, desde mi punto de vista, hace de la lectura de esta novela una auténtica delicia. El joven Plauto, un ayudante de una compañía teatral que abandona el mundo de la escena para probar suerte en el comercio y queda en la más absoluta ruina por una mala inversión. Plauto, que tras tener que sobrevivir en un trabajo de esclavitud en el un molino, decide escribir sus propias comedias para volver de este modo al mundo teatral. De la mano de este personaje, nos adentramos en los bajos fondos de Roma, en el mundo de la plebe que malvivía y que sufría para poder comer cada día. Los amantes de la literatura latina disfrutarán con las vicisitudes del Plauto de Posteguillo más que con cualquier otra escena de la novela. Santiago Posterguillo

Sólo hay, desde mi punto de vista, una pega importante que ponerle a "Africanus: el hijo del cónsul". El ambiente en general es en exceso mojigato para lo que suponemos que debió de ser la Roma republicana. Como si la mentalidad cristiana ya hubiera hecho presencia en este tiempo, los personajes son casi asexuados, sin pasión carnal, sin escenas que demuestren lo que en realidad debió de ser la vida cotidiana romana, mucho más descarnada y auténtica. Pongamos un ejemplo: no hay ni una sola mención a la homosexualidad. Por otro lado, otras escenas como el desvirgamiento del joven Escipión son tratados con suaves elipsis que hacen que el lector pase por encima del tema. Aunque habrá sin duda quien consideré estos detalles como concesiones en aras del buen gusto, o incluso del posible acercamiento de la novela a un público más amplio, desde mi opinión personal traicionan la esencia de la verdadera Roma.

Pese a esta pequeña objeción personal, considero "Africanus: el hijo del cónsul", una gran novela histórica, un hito imprescindible por el que todo amante de la Roma antigua debería pasar para disfrutar de una buena sesión de lectura ligera.

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