Combates amañados en la antigua Grecia, por Fernando García Romero

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El catedrático Fernando García RomeroEl catedrático de griego Fernando García Romero es sin duda una de las voces más autorizadas en la Filología Griega de nuestro país. No sólo ha demostrado una sólida carrera como investigador en muy diversos temas (puede consultarse una lista de sus publicaciones en el siguiente enlace), sino que su labor como docente ha permitido que numerosas generaciones de nuevos filólogos se adentren en las procelosas aguas de la carrera universitaria. Algunos temas, como el teatro antiguo y el deporte en época clásica, no habrían alcanzado el desarrollo que tienen hoy de no haber sido por las contribuciones esenciales de este profesor. A la luz del papiro Oxy. LXXIX (2014), número 5209. del que recientemente hablamos en Portal Clásico, Fernando García Romero nos ofrece una ampliación acerca del tema tratado en el que demuestra una vez más su maestría absoluta en el manejo de las fuentes antiguas. Desde Portal Clásico queremos dar las gracias al profesor García Romero por su generosa aportación y por su permanente vocación de difusor de la Cultura Clásica en sus muy diversas facetas.

Fernando García Romero- CONTRATO PARA AMAÑAR UNA COMPETICIÓN DEPORTIVA EN UN PAPIRO DE OXIRRINCO

El volumen 79 de los Papiros de Oxirrinco, que acaba de publicarse, contiene, entre otros textos, algunos muy interesantes que tratan temas deportivos. Entre ellos ha llamado especialmente la atención el número 5209, cuyo texto se encuentra bien conservado; se trata de un contrato establecido entre los representantes de dos niños que compiten en la lucha deportiva, de acuerdo con el cual uno de ellos consiente en dejarse ganar a cambio de dinero.
En su excelente “Portal Clásico” nuestro querido amigo Luis Manuel López Román dedica un atinado y bien ponderado comentario al nuevo texto, en el cual, aunque comienza refiriéndose a los amañadísimos pseudocombates del actual “pressing catch”, continúa luego valorando el nuevo documento en sus justos términos dentro del contexto del deporte griego antiguo. Obviamente, el contexto deportivo en el que se sitúa nuestro texto no tiene nada que ver con el “pressing catch” moderno, entre otras cosas porque todos cuantos intervienen en esta modalidad “deportiva” (luchadores, árbitros y espectadores) saben de antemano -supongo- que lo que van a presenciar no es una competición deportiva, sino un espectáculo paródico, y, por el contrario, en el contrato que reproduce nuestro papiro los contratantes se plantean la posibilidad (que explícitamente consideran indeseable) de que los árbitros se aperciban del amaño y no quieran conceder la corona de la victoria a quien ha recurrido al fraude para obtenerla.
El nuevo texto representa el primer testimonio conocido por papiros que documenta un fraude en una competición deportiva, pero no es ni mucho menos el único testimonio que conocemos. En efecto, algunos textos literarios de las épocas helenística e imperial nos hablan también de compras (o intentos de compra) de victorias deportivas, lo que parece indicar que era un hecho relativamente frecuente, aunque tampoco debemos pensar que era práctica generalizada. En realidad, es posible que no haya gran diferencia con respecto a lo que ocurre en el deporte actual: los grandes intereses económicos, políticos y sociales que, ahora como en la Antigüedad, se mueven en torno al fenómeno deportivo favorecen las prácticas fraudulentas, pero eso no quiere decir, por supuesto, que todo sea engaño.
Lucha en la Antigua GreciaEn su tratado Sobre el ejercicio físico y el deporte (περὶ γυμναστικῆς) Filóstrato (II-III p.C.) presenta una versión negativa (quizá exageradamente) del deporte de sus tiempos, que contrapone continuamente con un pasado idealizado, y en concreto en el capítulo 45 afirma lo siguiente (trad. de Francesca Mestre): “Una tal relajación de costumbres e inclinación a los placeres se originó entre los atletas por su afán ilícito de dinero y por la práctica de comprar y vender victorias…Una corona de Apolo [Juegos Píticos, por ejemplo] o de Posidón [Juegos Istmicos, por ejemplo] puede ser vendida o comprada impunemente, pero es excepción el olivo de los eleos [el premio en los Juegos Olímpicos], que permanece inviolable, de acuerdo con la antigua tradición. De las competiciones que se celebran en otros lugares, que son muchas, voy a dar un solo ejemplo que vale por todos. En Istmia, un joven venció en los Juegos Ístmicos en la prueba de la lucha, después de haber acordado la victoria con sus contrincantes por una suma de tres mil monedas. Al día siguiente, fueron al gimnasio y el uno reclamaba el dinero y el otro afirmaba que no le debía nada, ya que había vencido sin la ayuda intencionada del otro. Como no había manera de acabar la discusión, se procedió al juramento: se presentaron en el templo del Istmo y el que había vendido la victoria juró públicamente haber entregado el combate en honor del dios después de aceptar tres mil dracmas”.
Ya antes, hacia 100 p.C., Plutarco comenta en su Vida de Licurgo 22.8 un intento frustrado de soborno propuesto a un espartano de la vieja escuela: “y avanzaba el rey [de Esparta] contra los enemigos llevando junto a él a los que habían vencido en una competición por coronas. Y dicen que un espartano al que le fue ofrecida una buena suma de dinero en Olimpia, no la aceptó, sino que, tras haber vencido a su adversario con gran esfuerzo, cuando uno le dijo: ‘espartano, ¿qué más has obtenido de tu victoria?’, él respondió sonriendo: ‘lucharé contra los enemigos formando delante del rey’”.
El primer caso de soborno cuya fecha conocemos con exactitud (Pausanias 5.21.2 ss. afirma que fue el primer intento de fraude en Olimpia) es el del boxeador tesalio Eupolo, que en 388 a.C. compró a sus adversarios Agétor de Arcadia, Prítanis de Cícico y Formión de Halicarnaso. Pero el engaño fue descubierto y tanto el sobornador como los sobornados hubieron de pagar fuertes multas, con las que se financiaron seis estatuas broncíneas de Zeus, que los eleos llamaban en su dialecto “Zanes” y que estaban colocadas cerca de la entrada del estadio, provistas en sus basas de inscripciones en dísticos elegíacos en las que se advertía que la victoria en Olimpia no se debía conseguir con dinero, sino con la rapidez de los pies y la fuerza del cuerpo. Añade a continuación Pausanias que en 332 a.C. el pentatleta ateniense Calipo pagó a sus rivales para que se dejaran vencer, pero de nuevo el amaño fue descubierto y Calipo y sus adversarios obligados a pagar una fuerte multa. No obstante (y para que se vea que, como ahora, también en la Antigüedad la visceralidad nacionalista a veces primaba sobre la justicia deportiva), los atenienses no aceptaron la decisión de los jueces y enviaron al orador Hiperides para que tratara de convencer a los árbitros de que diesen marcha atrás en su decisión. Éstos se negaron a hacerlo y los atenienses respondieron que la multa no se iba a pagar y boicotearon los juegos. Finalmente, hubo de ser Apolo de Delfos quien solucionase el conflicto, declarando que no daría ningún oráculo a Atenas hasta que la multa fuera satisfecha. La multa fue pagada y con ella se erigieron otros seis Zanes, con inscripciones en las que se recordaba el suceso y se hacían advertencias semejantes a las que contenían los versos inscritos en los Zanes ya existentes. Siguiendo su descripción de los Zanes de Olimpia, Pausanias menciona algunos otros casos de intento de fraude en los Juegos Olímpicos (5.21.8-17). Véase también Polibio 29.8.9. Con perdón por la autocita, se puede obtener más información al respecto en mi libro Los Juegos Olímpicos y el deporte en Grecia, Sabadell 1992, 91-100.
Así pues, el texto papiráceo recién conocido no ofrece una información absolutamente nueva, pero es cierto que se trata sin duda de un testimonio valiosísimo y constituye el primer texto original (y literal) de este tipo de prácticas fraudulentas, cuya existencia hasta ahora conocíamos únicamente por noticias indirectas.

Pap. Oxy. LXXIX (2014), número 5209.
El contrato se fecha el 23 de Febrero del año 267 p.C. Las partes contratantes son, por un lado, Aurelio Acila (padre de Nicantínoo, un niño que participa en competiciones de lucha deportiva), y, por otro, Marco Aurelio Lucammón y Cayo Julio ¿Teón? (éste último hace el contrato a través de Aurelio Sereno), ambos garantes fiadores de otro niño luchador llamado Demetrio.Pancracio griego
El editor y comentarista del texto, Rathbone, sugiere que la fecha del contrato y el hecho de que Acila y Lucammón sean de la ciudad de Antinoópolis podrían indicar que se trata de un combate (quizá el combate final) de la edición 138 de los Grandes Juegos en honor de Antínoo en Antinoópolis. En el contrato, Demetrio acuerda con Nicantínoo (a través de sus respectivos representantes, ya que no tienen edad para representarse a sí mismos) dejarse ganar a cambio de 3.800 dracmas que pagarán los garantes (lo que implica que éstos ya han recibido la suma). Si Demetrio hace lo que se acuerda pero luego los jueces deciden no conceder la corona al vencedor fraudulento, Demetrio no será demandado para que devuelva los 3.800 dracmas (una cifra que, por cierto, afirma el editor que es el precio que se paga por un burro en un papiro contemporáneo). En cambio, si Demetrio contraviene el acuerdo, sus garantes deberán pagar una compensación de 18.000 dracmas a Nicantínoo.

TRADUCCIÓN DEL TEXTO:
Aurelio Acila, también llamado Sara[p sumo]sacerdote de la espléndida [ciudad de los] antin[oítas ] saluda a Marco Aurelio Lucammón [ de la tribu Adria]nea y del demo de Olimpia, y a Cayo J[ulio ¿Teón? por medio de Marco] Aurelio Sereno [ ], ambos garantes de A[urelio Demetrio ] luchador.
Puesto que [Aurelio] Demetrio, poniéndoos como garantes, ha acordado con [mi hijo Aure]lio Nicantínoo que en la competición de [lucha] infantil caerá tres veces y abandonará [ ] recibiendo por medio de vosotros 3.800 dracmas en moneda de plata antigua libres de riesgos, en [los siguientes términos]: si -lo cual ojalá no suceda- él abandona y no deja de cumplir el acuerdo, pero la corona se reserva para ser consagrada , no lo perseguiremos judicialmente por ello; en cambio, si el propio Demetrio viola alguno de los términos escritos y acordados con mi hijo, de igual modo pagará a mi hijo obligatoriamente por el agravio tres talentos en moneda de plata antigua sin ninguna dilación ni excusa, de acuerdo con las leyes que rigen las garantías, dado que hemos hecho los acuerdos en esos términos. El convenio está vigente, escrito en dos copias, de las cuales yo tengo una y vosotros otra, y en lo que me ha sido preguntado he estado de acuerdo.
En el año decimocuarto del Emperador César Publio Licinio Galieno Germánico Máximo, Pérsico Máximo, Pío, Feliz, Augusto. Mequeir 29.

23 de Abril de 2014
Fernando García Romero
Catedrático de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid

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