El anfiteatro de Verona tendrá una nueva cubierta

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Vista aérea de la Arena de Verona

Aunque Verona es conocida mundialmente por ser la patria imaginada por Shakespeare para sus célebres Romeo y Julieta y la urbe en la que nació el poeta Catulo, esta ciudad italiana esconde numerosos tesoros que merece la pena conocer. Uno de ellos es la llamada Arena de Verona, un anfiteatro construido en tiempos del emperador Tiberio, que se ha conservado en buenas condiciones a pesar del paso de los siglos. Aunque parte de sus materiales se utilizaron para acometer otras construcciones durante la Edad Media, un proceso sufrido por casi todos los monumentos de la Antigüedad, ya en el Renacimiento se comenzó a restaurar el edificio para usarlo como teatro, una decisión que lo salvó de la ruina y el deterioro total. Su reconversión en espacio escénico permitió que el anfiteatro de Verona haya llegado a nuestros días como uno de los mejor conservados de todo el Mediterráneo y como un símbolo vivo de la arquitectura romana.

En 1913, la Arena de Verona fue utilizada para poner en escena la "Aida" de Verdi, con un éxito tal que este espacio quedó consagrado a la ópera durante décadas, y todavía hoy se mantiene este uso con diversas representaciones cada verano. Junto con espectáculos de canto lírico, el anfiteatro se utiliza para acoger todo tipo de conciertos, tratando siempre de que su celebración sea respetuosa con los restos arqueológicos y en ningún caso dañen la estructura del edificio de casi dos milenios de antigüedad.

Este uso moderno como sala de conciertos al aire libre ha llevado a los responsables de su conservación a plantearse si no sería adecuado acometer reformas que permitan hacer el espacio más confortable y seguro para los artistas y espectadores. Uno de los principales problemas era el hecho de que el anfiteatro no estuviera techado y la lluvia pudiera obligar a suspender eventos organizados con meses de antelación, con el perjuicio que ello supone para espectadores y músicos. Para solucionar esta situación, en Ayuntamiento de Verona sacó a concurso el proyecto de cubrir el anfiteatro de forma que se respetara la estructura original. Con este cubrimiento pretendían, no solamente asegurar la continuidad de los espectáculos en días de lluvia, sino garantizar que las tormentas no dañarían los restos arqueológicos. Los ganadores del concurso fueron los estudios de arquitectura alemanes SBP Schlaich Bergermann y GMP Architekten, que presentaron un proyecto que supone una mínima invasión para el edificio y un impacto visual casi nulo cuando la estructura está retirada. La idea consiste en un enorme anillo que se apoya sobre el muro superior del anfiteatro y que permite desplegar unos toldos en caso de lluvia o sol muy intenso. Los responsables de conservación del anfiteatro han valorado ante todo que el anillo apenas se percibe desde el exterior si los toldos están retirados, que es lo que ocurrirá la mayor parte del tiempo.

A pesar de esto, han surgido voces críticas con el proyecto. La arqueóloga Brunella Bruno ha afirmado que esta obra es innecesaria y que los argumentos de que los toldos ayudarán a proteger el anfiteatro son sencillamente absurdos. Para esta especialista, la lluvia no ha supuesto nunca una amenaza para este tipo de edificios, siempre y cuando los sistemas de drenaje con los que fueron concebidos se mantengan en buen estado, algo que no h ocurrido en el anfiteatro de Verona debido a su modificación durante alguna de las restauraciones. Para Bruno, bastaría con arreglar estos sistemas de drenaje de dos milenios de antigüedad para asegurar que el edificio no se vea afectado por las lluvias. Lo que la arqueóloga parece tener muy claro es que detrás de este proyecto no hay un verdadero interés por proteger el patrimonio, sino un deseo simple y llano de no perder dinero con la suspensión de conciertos y eventos por culpa de la lluvia.

Por el momento, el Ayuntamiento de Verona ha dado el visto bueno. Sin embargo, la última palabra la tendrá la Superintendencia del Patrimonio Cultural y Arqueológico de Verona, una institución en la que Brunella Bruno y sus colegas tienen mucho peso. El debate acerca de la conveniencia de instalar estos toldos en el anfiteatro de Verona continúa abierto.

La idea de cubrir el anfiteatro con toldos no es en absoluto una novedad moderna, pues los principales edificios de este tipo ya presentaban estas estructuras en sus orígenes. Sabemos que los grandes anfiteatros, como el Coliseo de Roma y muchos otros, estaban dotados de un sistema de poleas con el cual extendían y retiraban grandes lonas para cubrir una parte del graderío en caso de que las inclemencias del tiempo obligaran a ello. De hecho, algunas inscripciones de Pompeya hablan de los toldos como un gran atractivo para el público, que sin duda prefería ver el espectáculo cómodamente a la sombra y no bajo el sol ardiente del sur de Italia.

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