El sarcófago romano que servía de maceta

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Sarcófago romano del palacio de Blenheim

En ocasiones, los mayores tesoros arqueológicos pueden estar ante nuestros propios ojos durante siglos sin que seamos capaces de apreciar su auténtico valor. Algo así ha ocurrido con una enorme estructura de mármol conservada en los jardines del palacio inglés de Blenheim, a las afueras de Londres. Blenheim ha pertenecido a la casa de Marlborough durante los últimos trescientos años, y ha sido escenario, entre otros acontecimientos, del nacimiento y la infancia de personajes como Wiston Churchill. Este conocido palacio del siglo XVIII cuenta con unos magníficos jardines llenos de flores que los jardineros cuidan con esmero para disfrute de las visitas que se desplazan hasta él. Ninguno de los que trabajaban en la conservación de este jardín podía imaginar que la gran pieza de mármol con relieves en la que llevaban toda una vida sembrando flores era en realidad un sarcófago romano de enorme valor.

La importancia de la pieza fue descubierta cuando un grupo de especialistas valoraba otros elementos del palacio y repararon por casualidad en la belleza del enorme parterre cubierto de flores. Observaron que los relieves mostraban escenas de la mitología antigua, tales como el dios Dionisos ebrio o Hércules realizando alguno de sus trabajos. Algunos detalles les llevaron a sospechar que estaban ante una pieza mucho más antigua de lo que se había creído hasta el momento, por lo que elevaron una petición a los responsables de conservación del palacio para poder realizar análisis más detallados. Dichos análisis confirmaron las sospechas: los jardineros del palacio de Blenheim estaban utilizando desde décadas atrás un sarcófago romano del siglo II d.C. para plantar tulipanes.

De inmediato, se trasladó la pieza al interior para poder limpiarla y eliminar los desperfectos causados por la inclemencia del clima británico. Mientras se realizaban estas tareas, los especialistas trataron de reconstruir la historia de la pieza, llegando a averiguar que el sarcófago estaba en el palacio desde el siglo XIX, cuando se utilizaba para recoger agua de la lluvia. Fue ya entrado el siglo XX cuando fue trasladado al jardín para servir como macetero, sin que en ningún momento se llegara a sospechar acerca de su auténtico valor. Por desgracia, resulta imposible por el momento obtener más datos acerca de esta misteriosa pieza. No presenta inscripciones y no podemos saber dónde ni cuándo fue hallado por primera vez, de modo que todo lo que se está aventurando sobre el objeto son simples hipótesis.

Los propietarios del palacio de Blenheim han declarado que no tienen intención de vender el sarcófago, a pesar de que algunos expertos ya lo han tasado en una cifra en torno a los 300.000 euros, sino que tienen interés en que éste permanezca en el mismo lugar. Naturalmente, el sarcófago ya no será utilizado como material de jardinería, sino que, una vez limpio y restaurado, pasará a decorar los interiores del palacio.

Fuente: New York Times

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