El templo romano de Córdoba abrirá en verano

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Restos del Templo Romano de Córdoba

El Templo Romano de Córdoba es uno de los símbolos de la época en la que esta ciudad andaluza fue la próspera urbe de Colonia Patricia, un enclave desde el que los romanos organizaron la administración de la Bética. Colonia Patricia fue una ciudad rica, importante eje comercial y centro de la actividad artesanal durante siglos. Por desgracia, no es mucho lo que nos queda de la Córdoba romana, ya que sus monumentos quedaron enterrados bajo las fases posteriores de la ciudad, especialmente cuando fue elegida para ser capital del poderoso Califato Omeya. A pesar de que es la ciudad musulmana lo que ha dado fama internacional a Córdoba, en los últimos tiempos los responsables de cultura de este municipio han apostado de forma decidido por poner en valor los restos de la Colonia Patricia romana para hacerlos conocidos al gran público.

El Templo Romano es uno de los monumentos que han sido elegidos para revalorizar la Córdoba romana. Durante décadas, sus columnas han dominado el paisaje de la zona de Córdoba en la que se alza, tan hermoso como inaccesible para los visitantes interesados. Tras dos fases de reconstrucción y acondicionamiento de los restos, esta semana se iniciará la tercera fase del proyecto, fase que cuenta con un presupuesto de cuatrocientos mil euros de diversa procedencia. El objetivo es que el Templo Romano esté abierto al público en algún momento del próximo verano, de modo que los visitantes puedan disfrutar del monumento gracias a diversas pasarelas que cruzarán el templo en sus diversos niveles. Uno de los espacios a los que se ha prestado más atención son los cimientos, hasta el momento ocultos al público. Todavía no se conocen detalles acerca de horarios o precios de la visita, ya que algunas partes del proyecto, como la construcción de un centro de interpretación, aún tendrán que esperar como mínimo unos meses más.

El Templo Romano de Córdoba fue construido a lo largo de varias décadas, ya que se inició en tiempos del emperador Claudio y no fue inaugurado hasta el reinado de Domiciano. Los especialistas están de acuerdo en que estaba dedicado al culto imperial, y es probable que Domiciano lo convirtiera en un espacio de veneración de su padre y su hermano, los emperadores Vespasiano y Tito, que le antecedieron en el trono.

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