La restauración de la Domus Aurea de Nerón en manos de la iniciativa privada

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Tras el incendio que asoló Roma en el año 64 d.C., el emperador Nerón se encontró con una situación idónea para desarrollar uno de sus más ambiciosos proyectos. Su domus en el Palatino, el hogar que los emperadores habían ocupado desde tiempos de Augusto, le resultaba pequeña y humilde para sus pretensiones de grandeza, motivo por el cual, el princeps decidió aprovechar que una gran parte de la zona cercana al foro republicano había sido arrasada por las llamas para construir una nueva residencia acorde a su megalomanía. Fue así como surgió el proyecto de construcción de la Domus Aurea, un palacio destinado a ocupar varias hectáreas en la zona cercana al actual Coliseo. Sin embargo, a medida que las obras avanzaban, la popularidad de Nerón no dejaba de caer. Los rumores de que había sido el propio emperador el que había ordenado incendiar Roma para facilitar las tareas de construcción se propagaron con rapidez y calaron entre la aristocracia y una parte del pueblo. Cuando se produjo el amotinamiento de las legiones y el consiguiente suicidio de Nerón, la Domus Aurea quedó como un símbolo de la opresión y la tiranía en que había degenerado el régimen de los Julio-Claudios, motivo por el cual Vespasiano, triunfador tras la guerra civil del año 68 d.C., ordenó que fuera desmantelada, una orden que fue culminada por Trajano, décadas después, que decidió cubrirla por completo con escombros. Una parte del palacio, sin embargo, sobrevivió a los decretos de Vespasiano y Trajano, y, ante todo, al paso de los siglos, y fue descubierta en el siglo XV en un estado de conservación muy precario. Abierta al público hasta el año 2006, la Domus Aurea fue cerrada al público por motivos de seguridad. Resultaba muy caro conservar los restos del palacio, de modo que el gobierno italiano prefirió echar el cierre a la espera de tiempos mejores. Pese a ello, en 2010 una parte del techo se derrumbó, debido a la actividad en el parque que se encuentra sobre los restos y al crecimiento de las raíces de los árboles.
Pero puede que esta situación de abandono haya llegado a su fin. El pasado mes de junio, arqueólogos dependientes de la Superintendencia de Bienes Culturales anunciaron la puesta en marcha de un proyecto para eliminar la vegetación que tanto daño está causando a la estructura de la Domus Aurea, así como para iniciar la restauración de la misma con el objetivo de volver a hacerla accesible a los turistas. La parte negativa de la noticia no tardó en salir a la luz público: Dario Franceschini, ministro de Cultura, anunció que el gobierno no tenía fondos para dedicar a este proyecto, por lo que los arqueólogos deberían buscar financiación por otro lado. La solución que los arqueólogos han encontrado es hacer una llamamiento a las empresas privadas para que colaboren en esta restauración que, según puso de relieve el propio ministro, atraería la atención de todo el mundo. Pese a todo, no parece que el atractivo publicitario vaya a ser suficiente motivación para que las empresas privadas se aventuren a financiar un proyecto que se ha cifrado en más de treinta y cuatro millones de euros. Para aumentar el atractivo de la inversión, el gobierno italiano ha anunciado una ley que permitirá grandes rebajas fiscales a todos aquellos grupos empresariales que inviertan parte de su patrimonio en la restauración de bienes arqueológicos. No ha trascendido si alguna empresa se ha mostrado interesada hasta el momento.
Si los responsables de la Superintendencia de Bienes Culturales consiguen la financiación buscada, la Domus Aurea podría convertirse en uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad de Roma, en un momento en el que la afluencia de visitantes a Italia se ha resentido debido a la crisis económico a nivel mundial.

Fuente: The Telegraph

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