La restauración del circo romano de Tarragona desata la polémica

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Gradas reconstruidas del circo romano de Tarragona

Que Tarragona es una de las ciudad de la Península ibérica con un patrimonio romano más rico es algo que está fuera de toda duda. Que el ayuntamiento esté gestionando este patrimonio de forma adecuada es algo que algunos han comenzado a dudar en los últimos tiempos. La imagen del anfiteatro de la ciudad, uno de los centros neurálgicos del ocio ciudadano en esta urbe en tiempos del Imperio, está ligada ya a la de la Tarragona moderna, y cada año miles de visitantes se desplazan hasta este enclave para conocer el marco real en el que los gladiadores se enfrentaban hace dos milenios.

Las excavaciones en el circo, el espacio en el que se celebraban las carreras de carros, han resultado ser mucho más problemáticas. Construido en tiempos del emperador Domiciano, este edificio se mantuvo en pie y en uso durante cinco siglos, hasta que la prohibición de este tipo de espectáculos y el cambio en los gustos de la gente hicieron que quedara abandonado y su espacio fuera utilizado para otras actividades, sobre todo la construcción de viviendas. Mientras el anfiteatro permanecía durante dos milenios en un lugar accesible, el circo, más grande, quedaba oculto bajo las viviendas de la Tarragona medieval y moderna. Esto ha supuesto un gran problema a la hora de realizar excavaciones, ya que sólo se ha podido sacar parte de sus restos, sin abordarse un plan integral ya que esto supondría alterar el urbanismo de una parte de la ciudad y derribar viviendas y comercios. Algunas zonas, como la que ocupaba la antigua Puerta Triunfal, han sido acondicionadas y pueden ser visitadas.

El problema ha surgido al tratar de rehabilitar ciertas partes del graderío, ya que políticos y arqueólogos no se han puesto de acuerdo en la mejor forma de hacerlo. El caso más sonado ha sido el de los restos que se encuentran en la plaza dels Sedassos, una zona con numerosos restaurantes y una activa vida comercial a la que el consistorio tarragonés ha querido dotar de unas hermosas ruinas romanas. El arqueólogo Josep Maria Macías, integrante del Institut Català d’Arqueologia Clàssica (ICAC), se ha convertido en la voz de las críticas al señalar lo poco acertado del proyecto de restauración de esta parte del graderío por medio de gradas metálicas y muros de ladrillos modernos. Además de lo poco estético del resultado y de la dificultad para imaginar el graderío original con estos materiales, Macías ha criticado la ausencia total de un plan completo y el hecho de que no se haya contado con la opinión de expertos en este tipo de intervenciones. Desde su punto de vista, habría resultado más efectivo invertir el elevado presupuesto del proyecto en otras zonas del circo más accesibles y con mejores vistas.

El ayuntamiento de Tarragona, en manos del PSC, ha pedido paciencia a los críticos, así como a los grupos de la oposición que se han sumado a ellos. Según su versión, el ayuntamiento ha contado en todo momento con el asesoramiento de expertos en diversas áreas, por lo que no es cierto que todo el mundo académico esté en contra de este proyecto.

Lo cierto es que lo atrevido de la restauración nos hace temer lo peor a quienes recordamos con auténtico terror el proceso que culminó con la aberración que es hoy el teatro romano de Sagunto, por citar sólo un ejemplo muy conocido.

Fuente: La Vanguardia

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