La Villa Romana de La Olmeda: El tesoro oculto de Palencia

Nacho Ataz | Artículo | 23/06/2016 - 21:16Comenta

La Villa Romana de La Olmeda, entre campos de trigo y cebada, robles y encinas, se eleva con sus enormes e historiados mosaicos como uno de los tesoros más preciados del patrimonio castellano-leonés.

Todo el mundo ---y en especial el peregrino compostelano--- sabe que una vez cruzadas las fronteras de la provincia de Valladolid, todo es románico palentino. Sobre cada manantial emerge un monasterio; con cada miliario, los senderistas descubren nuevos ábsides, y no hay arco apuntado o de herradura sin sus diez de medio punto. Lo que tal vez pase más inadvertido, en esta vorágine eclesiástica, remanso de paz medieval, son los antiguos tesoros que los extensos cultivos de cereal y los parajes arbolados esconden en su subsuelo.

A unos 60km de la ciudad de Palencia, el municipio de Pedrosa de la Vega atesora una de esas joyas: La Villa Romana de La Olmeda, 4400 metros cuadrados de residencia, de los cuales ---y aquí viene el dato espeluznante--- conserva 1452 metros cuadrados de mosaicos, repartidos entre geométricos y florales (en su mayor parte), e historiados. Reconstrucción digital de la Villa Romana de La Olmeda

DESCUBRIMIENTO



Decir que la Villa fue descubierta en 1968 es decir demasiado. Fue el verano de este año cuando unos labriegos dieron con unos bloques de pavimento perdidos a escasísimos 60 cm de profundidad.

"El descubrimiento de la villa se produjo a última hora de la tarde del día 5 de julio de 1968, en el pago de la Olmeda [...]. Terminado el trabajo agrícola, nos quedamos en la Olmeda Avelino Palacios, un amigo de Saldaña, y yo para investigar en un lugar donde estaba tropezando el arado. Al quitar la tierra apareció un muro de piedra, y al profundizar junto a él [...], el mosaico de una de las galerías del palacio romano."

Fotografía de Javier Cortes y compañía, revelando un mosaico tras el descubrimiento
Con estas palabras describía el hallazgo Javier Cortes, propietario de la finca en aquellos años y posterior promotor y benefactor del yacimiento que finalmente cedió en herencia a la Diputación Provincial. Muchos años después, las arcas públicas han querido brindar por la salud del descubrimiento arqueológico insuflando a las instalaciones una nueva apariencia y mejores medidas de conservación.

EL YACIMIENTO Y EL TERRITORIO



El yacimiento no queda limitado a la pars urbana; las excavaciones de la pars rustica han revelado un asentamiento más antiguo a 200m de distancia, que se ha datado en torno a los siglos I-II d.C.. Parece ser que esta primera vivienda fue abandonada con el tiempo y la nueva, la que más luce hoy, vio cómo su hermana mayor se venía a menos hasta quedar reconvertida en una suerte de cementerio. Fue por ello, tantos años después como metros de distancia las separan, ya en el s. IV, cuando empezó a erigirse una lujosa vivienda, una mansión trimalciónica, más ostentosa y más atractiva para el ocio, menos para el alma.

Pero este nuevo palacio hacía las veces de centro administrativo menor; coincide con la época en la que emergió la figura del possessor o potentior, como propietario, gobernador y explotador latifundista. La pars rustica de la villa integraría así tanto los almacenes u horrea y otras construcciones relacionadas con el trabajo agropecuario e instalaciones de producción artesanal, como los propios lugares de habitación de colonos y esclavos.

Planta explicativa de la villa (V) y los baños (B)

LA VIVIENDA



La vivienda abarca un área de 4400 metros cuadrados repartidos en 35 estancias. Se halla encuadrada entre cuatro torres angulares, respetando la arquitectura palaciega propia de la época para esta clase de residencias; éstas se encontraban comunicadas mediante pórticos exteriores y encerraban las múltiples salas a las que se accedía a través de un corredor, dispuesto alrededor del peristilo central.

Arcos del peristilo
Al acceder a la vivienda propiamente dicha existía un vestíbulo, e inmediatamente después, una columnata formada por nueve arcadas. De los nueve arcos de medio punto que actualmente se levantan para el visitante, tres de ellos fueron encontrados tumbados horizontalmente en su ubicación original, mientras que los otros seis fueron reconstruidos a partir de basamentos del resto de la villa.

Vestíbulo de la vivienda, ubicado entre la balaustrada exterior y el corredor del peristilo

En las dependencias colindantes se han hallado algunos utensilios como platos de vidrio y unas ánforas vinarias procedentes de Gaza y Cartago. Otros elementos constructivos en esta zona de la villa sugieren un derrumbe de pavimento, lo que avala la teoría de que sobre estas salas se erigió una segunda planta en algún punto de su historia.

Una de las salas del triclinium. Con ábside e hypocaustum
Hacia la parte este de la vivienda se pueden apreciar estancias con antesalas, que se han considerado dormitorios, cubicula, con su respectivo procoeton, donde los siervos velarían el sueño de sus amos. A continuación, en el triclinium, se presenta al visitante una inmejorable visión del funcionamiento del hypocaustum, puesto que la rotura del suelo ha dejado desnudas las galerías de que éste se compone.

Junto al triclinium, el mosaico más valioso de la villa lo presenta el oecus, la sala principal de la vivienda desde donde se gestionaría la propiedad y se llevaría a cabo la recepción de clientes y familiares. El oecus, salón principal de recepciones y labores administrativas

Dicho mosaico representa la escena en la que las hijas de Licomedes suplican a Aquiles, descubierto sagazmente por Ulises, que no ceda ante su astuto compañero. Leamos el rápido episodio de la mano de Apolodoro y su traductor, García Gual:

"Cuando Aquiles tuvo nueve años, Calcante declaró que Troya no podría ser tomada sin él. Tetis, sabiendo que perecería si participaba en la guerra, lo vistió de mujer y se lo confió a Licomedes como una muchacha. Criado allí, Aquiles yació con Deidamía, hija de Licomedes, y engendró un hijo, Pirro, llamado más tarde Neoptólemo. Odiseo, denunciada la presencia de Aquiles en casa de Licomedes, lo buscó allí y lo descubrió mediante el son de una trompeta. Así es como Aquiles fue a Troya."

Mosaico del oecus: Ulises y Aquiles junto a las hijas de Licomedes

La escena atraería después a muchos otros artistas, de lo que tenemos buena muestra tanto en la escultura como en la pintura. El mosaico se encuentra, sin embargo, incompleto debido al levantamiento del suelo que originó la construcción posterior de un desagüe que atraviesa buena parte de la vivienda y del que, por otro lado, los arqueólogos han extraído una buena colección de objetos de interés científico. Una parte del basurero que atraviesa la villa subterráneo

Apodyterium (vestuarios) de los baños
Como podemos ver en la imagen, junto a la planta cuadrada de la vivienda, descuella una serie de habitáculos comunicados con el palacio a través de un amplio pasillo; la edificación que englobaría a todos ellos se corresponde con la de los baños, que se extienden a lo largo y ancho de 900 metros cuadrados y que quedan fuera de los límites de la casa; sin embargo se habría permitido un acceso directamente desde la parte oeste del patio central a través de un ancho corredor que, cabe suponer por la estructura y el entorno, funcionaría como palaestra. Letrinas en los baños de la Villa de La Olmeda

En los baños se pueden apreciar las salas dedicadas al caldarium y al tepidarium (piscinas de agua caliente y templada, respectivamente), cercanos entre sí y comunicados con el frigidarium (piscina de agua fría) a través de una sala que, debido a su posición y, también, a los bancos que conserva junto a sus paredes, se ha considerado que hacía la función del apodyterium, el vestuario. Junto a la zona del caldarium y el tepidarium, se encontraba el praefurnium, la cámara en la que se calentaba el agua de los baños y el hipocausto.

Conexión del caldarium y el tepidarium con el frigidarium a través del apodyterium

Dejando a un lado los elementos estructurales de la vivienda, no existen piezas decorativas de gran valor, más allá de los ornamentos musivos: sin lugar a dudas, el tesoro más preciado. Pero esta villa, por lo demás, con gran probabilidad debido a los saqueos y su destrucción progresiva, está desprovista de los bustos y estatuas que, como en otros lugares de la península, anunciaran la fortuna y la estirpe que llegó a cobijar.

Las piezas halladas en el yacimiento fueron trasladadas al museo ubicado en la iglesia de San Pedro, en la vecina localidad de Saldaña, dejando en aquél réplicas de éstos, una decisión por completo innecesaria, a nuestro parecer, ya que los escasos bienes de que está provisto el museo de Saldaña podrían haberse mantenido en su ubicación original sin perjuicio del recinto arqueológico y para comodidad del visitante.

Restos de ostras halladas en el basurero

Por último es ineludible al menos una mención a la preciosa y bien cuidada labor que llevan a cabo quienes se encargan de presentar al visitante esta pieza arqueológica. Su profesionalidad, calma y tiento se funden con el entorno de paz que se respira entre las ruinas de la villa, y el texto, así como su forma de exposición, está preparado tanto para el lego como para el especialista. Todo ello hace que el visitante se sienta guiado a través de la villa por el emisario del propio anfitrión.

Pero no querríamos dar por concluido este pequeño comentario a la visita del yacimiento sin poner una vez más el énfasis en el valioso tesoro patrimonial que aporta la Villa Romana de La Olmeda, uno de los exponentes más atractivos de la península ibérica para los amantes de los mosaicos y, sin lugar a dudas, una de esas maravillas de la civilización pretecnológica capaces de transportar al visitante dos milenios atrás.

Fuentes

José Antonio Abásolo y Rafael Martínez - Guía arqueológica Villa Romana La Olmeda
Fotografías: Villa Romana La Olmeda, Saldaña y Portal Clásico


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