¿Madrileños que resistieron a la invasión romana?

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Cuevas de Perales de Tajuña

Cuenta Plutarco en su vida de Quinto Sertorio que este general rebelde mantuvo un curioso enfrentamiento con el pueblo de los caracitanos, al cual el biógrafo griego sitúa en un lugar indeterminado al norte del Tajo. En algún momento de sus campañas contra las tropas de Metelo, enviado a Hispania por Sila para acabar con Sertorio y los seguidores de Mario que se había unido a él, el dirigente popular tuvo que hacer frente a un pueblo que habitaba en una región muy complicada de atacar, pues sus habitantes se refugiaban en cuevas de difícil acceso para los romanos y sus aliados. Tras varios días de escaramuzas sin resultado, Sertorio observó que el viento que azotaba la llanura golpeaba directamente contra las rocas en las que se abrían las cuevas de los caracitanos. Fue entonces cuando ideó un plan: alzar polvo de forma que el viento lo llevara hasta los refugios de sus enemigos y que estos no pudieran respirar. Sertorio y sus hombres se dedicaron a patear el suelo y a hacer que sus caballos levantaran una inmensa polvareda. El viento hizo su trabajo y pronto las cuevas de los caracitanos se vieron anegadas por un aire irrespirable que irritaba sus ojos y les hacía arder los pulmones. Al tercer día, los hispanos se rindieron, plegándose ante el ingenio de Sertorio.

Aunque esta historia no ha tenido mucha trascedencia en los estudios sobre la Hispania romana, el libro de Javier Leralta “Madrid, cuentos, leyendas y anécdotas” ha puesto el escrito de Plutarco en relación con una realidad geográfica de la Comunidad de Madrid: las cuevas de Perales de Tajuña. Según se recoge en su libro, en esta localidad existe una leyenda según la cual las cuevas fueron el refugio de los habitantes de la región cuando las legiones romanas trataron de conquistarla para añadirla a las provincias de Hispania. La arqueología no ha sido de gran ayuda en este caso, ya que, aunque gran parte de la estructura de estas cuevas es moderna y ha estado habitada hasta el siglo pasado, se han encontrado en ellas restos que datan desde el Paleolítico hasta nuestros días.

¿Fueron las cuevas de Perales de Tajuña el refugio de los caracitanos de los que habla Plutarco? Por desgracia no hay más fuentes literarias que nos hablen del acontecimiento, y Plutarco es demasiado sucinto como para sacar conclusiones definitivas. Respecto a los caracitanos, sólo nos dice que habitaban al norte del Tajo, una descripción geográfica tan amplia que resulta imposible de precisar. Por no saber, no sabemos ni por qué se enfrentó Sertorio a estos indígenas en medio de una campaña donde su principal enemigo era Metelo. ¿Fue una campaña de castigo para evitar que se unieran a los hombres de Sila? ¿Fue una escaramuza puntual en medio de una marcha hacia un objetivo de más importancia? Resulta imposible de precisar.

Lo cierto es que, más allá del deseo romántico de entroncar a la Comunidad de Madrid con un glorioso pasado de resistencia al invasor, es muy difícil relacionar las cuevas, la leyenda local y el texto de Plutarco y construir con ello un relato histórico sólido y coherente.

Fuente: ABC

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