Reencontrado el Arco de Tito que sí celebraba su triunfo sobre los judíos

Nacho Ataz | Artículo | 31/03/2017 - 13:11Comenta

"A fin de que se le conceda un triunfo total como recompensa por la victoria contra los enemigos de su país, un general romano tiene que cumplir con ciertas condiciones exigidas por antiguas costumbres. [...] como comandante en jefe debe haber consultado personalmente los auspicios antes de la batalla. Luego tiene que haberse enfrentado con un enemigo extranjero, y no con ciudadanos rebeldes; y la guerra tiene que haberse librado, no para la recuperación de territorios otrora pertenecientes a Roma, sino para la ampliación de la soberanía romana sobre nuevos territorios. Además tiene que haber infligido al enemigo una derrota decisiva en una batalla que haya terminado con la campaña, haber matado por lo menos a 5.000 enemigos y las pérdidas romanas haber sido relativamente pequeñas. Por último la victoria debe ser tan completa, que pueda retirar sus tropas sin perjuicio para la conquista, y llevarlas de vuelta a Roma para que participen en el triunfo. El permiso para celebrar un triunfo es concedido por el Senado, pero siempre después de apasionadas y prolongadas deliberaciones..."

Estas líneas las escribió Robert Graves y tradujo Floreal Mazía (reed. 1982) en "Claudio el Dios y su esposa Mesalina". Aquí, Claudio nos explica, de regreso de la conquista de Bretaña en el año 43, todo cuanto debía reunir una victoria militar para que se pudiera celebrar un triunfo en Roma, al menos oficialmente. Llama la atención lo minuciosos que podían llegar a ser los romanos cuando se trataba de regularizar la toma de decisiones. Por ello es normal que quien hubiera guiado a un ejército y regresara sano y salvo, entre vítores y aplausos de cientos de soldados ufanos por la victoria, a pesar de todo ello, le diera vueltas a los pormenores que pudieran hacer de su victoria algo oficialmente loable. Claudio nos confiesa, de hecho, que aunque el número de enemigos muertos en su campaña se quedaba por debajo de los 5.000, confiaba en que el número de enemigos presos pudiera compensarlo y ablandar a los senadores en su resolución. También nos cuenta que, a pesar de esos criterios casi inamovibles, se podían celebrar triunfos extraoficiales, así como incluso siguiendo más o menos esos criterios, en el pasado se habían celebrado triunfos absolutamente inmerecidos, como por ejemplo el que siguió a la victoria de César en su guerra contra Pompeyo.

Algo que Claudio no sabía ni podría augurar durante su vuelta a Roma es que unos treinta años después, otro romano vencería en la ciudad de Jerusalén y también esperaría un gran triunfo a su llegada a Roma. Tito no era aún emperador durante su victoria, pero lo sería años después y, al poco de morir, su hermano Domiciano, encargaría en conmemoración de dicho triunfo la construcción de un arco. ¿Hemos dicho un arco? ¿Uno o dos?

Arco de Tito. Imagen de la Universidad de Cornell

El que hay en el foro no pasa inadvertido, desde luego. Se encuentra a unos pasos del Coliseo, joya del turismo italiano y del patrimonio mundial. "Uno no puede pasar junto al Coliseo sin presentarle sus respetos" declaró Henry James. Y quien quiera entrar en este anfiteatro a las 11 de la mañana en plena temporada alta, desde la cola de acceso tiene que poder ver, sentir y oler la marabunta que baja por el hermoso paseo de la Via Sacra después de visitar el Arco de Tito. El Arco de Tito que conocemos, pero ¿y el otro? El segundo arco se encuentra algo más escondido; se encontraba más escondido hasta que un grupo de arqueólogos que trabajaba en las faldas del Circo Máximo comenzó a excavar hace unos dos años. El Circo Máximo se encuentra a escasos 10 minutos a pie de la sudorosa marabunta, y parece que fue ahí donde el tercero y último de los Flavios levantó la segunda parte del homenaje a Tito.

Reconstrucción del Arco de Tito en el Circo Máximo
Los arqueólogos del Circo Massimo han realizado una reconstrucción del Arco de Tito alojado en él y, por lo que podemos ver, guarda más parecido con el Arco de Constantino que con el de su homólogo forense. Éste, el único que conocíamos hasta ahora, fue erigido en el año 81 y mide 15 metros de alto por 13 de ancho; en comparación con los cercanos y posteriores arcos de Constantino y de Septimio Severo, resulta el paradigma de la sencillez. Cuatro columnas compuestas embebidas a cada lado, con fustes estriados y volutas y hojas de acanto en sus capiteles. En uno de los frisos se ha conservado el tema del arco: los Flavios tomando la ciudad de Jerusalén. Sobre ello se extenderá el relato que el arco conserva en la parte interior del vano. Una de las imágenes más conocidas es la del ejército romano portando las riquezas de la sinagoga y el símbolo del judaísmo, la menorá, una vez ocupada la ciudad y destruido del templo de Jerusalén.

Arco de Constantino en Roma

La arqueóloga jefa de las labores de excavación, Marialetizia Buonfiglio, ha respondido a varias cuestiones sobre el hallazgo y la situación del más grande de los arcos dedicados a las victorias de Tito y, una de las conclusiones que ha extraído el grupo de estudiosos y que ha expresado Buonfiglio es que, en realidad, sólo uno de ellos conmemoraba la victoria sobre los judíos. Aunque los dos arcos fueron construidos en la misma época, el más pequeño y erigido en el Palatino supondría más bien un homenaje a la persona de Tito, mientras que el que se encuentra en el Circo Máximo iría destinado a celebrar sus campañas militares en particular. De la existencia de este arco, aunque fue descubierto hace relativamente poco, ya se tenía constancia a través de testimonios escritos de época no posterior al siglo XIV. En el siglo XII existen referencias al "arcus septem lucernarum Titi et Vespasiani" en el circo. Más interesante resulta el conocido como Itinerario de Einsiedeln, fechado a finales del primer milenio después de Cristo, en el que se nos hace un repaso de la Roma de la época. Al autor de este texto se le conoce como el "Anónimo de Einsiedeln" por ser la biblioteca del monasterio benedictino del municipio suizo de Einsiedeln el lugar en el que se encuentra su manuscrito, que contiene, además de los itinerarios, algunas inscripciones de la ciudad de Roma y un fragmento de la obra de Marco Valerio Probo "De notis antiquis". El autor, en su obra, menciona el arco e incluso transcribe el texto que lo coronaba, todo ello recogido posteriormente por el humanista Poggio Bracciolini (s. XV) en su "colección de monumentos destruidos y desaparecidos". Por el momento, la inscripción del arco no ha sobrevivido al paso de los siglos, pero según el testigo benedictino, rezaría algo así:

S P Q R
IMP TITO CAES DIVI VESPASIANI FILIO
VESPASIANO AVG PONT MAX TR POT X
IMP P P PRINCIPI SVO QVI
PRAECEPTIS PATRIAE CONSILIISQ ET
AVSPICIIS GENTEM IVDEORUM DOMVIT
ET VRBEM HIEROSOLYMAM OMNIBVS ANTE
SE DVCIBUS REGIBVS GENTIBVS AVT FRVSTRA
PETITAM AVT OMNINO INTENTAM DELEVIT

Que podríamos traducir como sigue:
"El Pueblo y el Senado de Roma
para el emperador Tito César Vespasiano Augusto,
hijo del divino Vespasiano, pontífice máximo en el ejercicio de su décima potestad tribunicia, proclamado vencedor, padre de la patria, a su príncipe, quien
siguiendo las directrices de su patria y su consejo y
los auspicios, al pueblo de los judíos lo subyugó,
y la ciudad de Jerusalén, hasta entonces deseada en vano
o pretendida con fracaso por todos,
generales, reyes y pueblos antes que él, la destruyó.
"

Restos hallados del Arco de Tito en el Circo Máximo
El arco tendría unos 17 metros de alto, ligeramente más grande que el arco de Tito de la Vía Sacra, pero más pequeño que el de Septimio Severo, construido más de un siglo después. Las dimensiones de este arco junto con su ubicación, harían de él un auténtico espectáculo para todos los foráneos que entraran a Roma desde la Via Appia por la Porta Capena. Toda una muestra del poder de Roma y la vanidad imperial.

En época medieval se hizo pasar a través del arco el Canal de Agua Mariana, un acueducto que ahora ha quedado a la vista. Posteriormente se usó la zona para edificar, por lo que poco a poco se fueron superponiendo estratos que ocultaron el arco. En 1930 se llevaron a cabo labores de excavación que supusieron la demolición de las viviendas y el descubrimiento de infinidad de elementos ornamentales y arquitectónicos que habían sido reciclados en el medievo para fines particulares. Hoy las labores en el yacimiento continúan, desvelando nuevos objetos e interpretando los hallazgos.

Fuentes:
Repubblica
La Vanguardia
Archeologia Voci dal Passato


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