¿Romanos shaolín? Da miedo pensarlo. "De Roma a China" del historiador Jean-Nöel Robert

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Portada del Libro de J-N Robert
El parisino Jean-Nöel Robert se gana la vida como profesor de latín. Y además de abarcar el estudio de la mentalidad romana, dentro del plano de la historia se yergue como orientalista especialista en el budismo. Así ha querido unir sus dos pasiones en su libro De Rome à la Chine: Sur les routes de la Soie au temps des Césars (De Roma a China: La Ruta de la Seda en la época de los césares).

En este libro, el autor francés relata el viaje fabuloso que llevó a unos comerciantes romanos de época de Marco Aurelio, desde Alejandría, hasta lo más profundo de la China Imperial, la ciudad de Han, donde la actual ciudad de Xian. Los peligros del viaje, las maravillas desconocidas, las fábulas del viajero que diluyen la frontera entre mito y realidad, nada de ello es ficción. Sólo un estudioso interesado por igual en la cultura del extremo oriente y en la del extremo occidente puede haber escrito una obra que conjuga tan equilibradamente el conocimiento de las dos civilizaciones.

Robert nos cuenta la razón por la que las relaciones entre el lejano oriente y el Imperio Romano pasan inadvertidas a mucha gente: En Roma se conocía muy vagamente el origen del valioso tejido importado de aquellos confines, y es que, como hemos mencionado, por lo desconocido del trayecto, los relatos de los viajeros se hacían sólo imaginables y tan legendarios como cualquier mito. No, los testimonios más fiables no proceden de historiógrafos romanos, sino de China, donde sí se han conservado en las crónicas detalles sobre este suceso ocurrido en el año 166 d.C.. La orientación de la actividad comercial romana hacia China había comenzado antes, oteando las tierras de Gandhara y hasta La India, llegando a influir decisivamente, según el autor, en el nacimiento de la corriente budista Mahayana. De hecho, el adjetivo latino 'sericus', empleado para referirse a la seda, procede del término 'seres', un pueblo de la zona de La India oriental y del área occidental de China que bien podría tener que ver con los hablantes del tocario y del indo-iranio, y no necesariamente con las siníticas de las que surgieran las lenguas y dialectos entre los que se encuentra el mandarín.

Ruta de la Seda

Fuente: El Mundo

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