Un Ferrari contra dos caballos en el circo romano

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Un momento de la carrera entre la biga y el Ferrari

Todos los que alguna vez hemos disfrutado con las trepidantes carreras de cuadrigas que aparecen en “Ben-Hur”, tanto en la versión clásica como en la poco taquillera versión moderna, hemos quedado fascinados con la velocidad que podían alcanzar estos vehículos sobre la arena de los circos romanos. No es de extrañar que los aurigas, los conductores de estos carros tirados por dos o más caballos, fueran considerados casi unos héroes en su tiempo, y que algunos de ellos llegaran a contarse entre los hombres más acaudalados del Imperio. Las carreras eran un negocio que movía millones de sestercios, fundamentalmente en apuestas, aunque otros muchos sectores económicos se nutrían de esta actividad. Los aurigas, que podían ser esclavos u hombres libres, recibían enormes sumas de dinero si alcanzaban la victoria, por lo que algunos de ellos se retiraban tras una corta vida profesional, convertidos en héroes y millonarios. Decimos algunos porque las carreras eran una actividad que entrañaba un enorme riesgo en la que la muerte o las graves heridas debían de ser una realidad bastante común.

¿Qué velocidad alcanzaban estos carros tirados por caballos? Como es lógico, las fuentes no nos ofrecen datos al respecto, ya que en la Antigüedad Clásica no existían instrumentos para medir la velocidad de los vehículos con precisión. Por este motivo, se ha llevado a cabo un experimento en Cinecitta World, un parque de atracciones a las afueras de Roma ligada a los famosos estudios de cine italiano, en el que un carro tirado por dos caballos ha competido contra un Ferrari en la arena de un moderno circo romano. El coche, de seiscientos caballos de potencia y uno de los mejores motores del mercado, compitió contra dos espectaculares purasangres acostumbrados a medirse en diversos tipos de competiciones. Para tratar de igualar las fuerzas, se decidió que el coche corriera por la parte exterior de la pista, con lo cual su recorrido sería algo mayor.

El resultado fue una victoria para la moderna máquina, pero por apenas unos segundos de diferencia. Mientras los caballos se adaptaron con facilidad a la superficie arenosa, el Ferrari tuvo ciertos problemas en la tracción y el frenado sobre la pista del circo, algo que impidió al conductor sacar todo el partido del potente motor del vehículo.
Una victoria para la industria del automóvil que nos abre los ojos acerca de la velocidad que pudo alcanzarse en las carreras de la antigua Roma, cuando a las riendas de las cuadrigas había auténticos profesionales que dedicaban toda su vida a entrenarse para este tipo de eventos.

En el siguiente vídeo podéis ver los mejores momentos de la carrera entre el Ferrari y la biga romana.

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