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Una arqueóloga reconstruye el rostro de Julio César

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Busto de César reconstruido en Amsterdam

Más de dos milenios después de su asesinato, Julio César es un personaje que sigue fascinando a millones de hombres y mujeres de todo el mundo. Su personalidad arrolladora, su faceta como militar y político, su latín sencillo y conciso y su papel esencial en la creación del sistema imperial han hecho de él uno de los pilares sobre los que se asienta la cultura occidental. Incluso los grandes hombres de épocas posteriores, como Shakespeare u otros muchos, cayeron rendidos ante el hechizo de César y abordaron la figura del romano en sus obras artísticas.

¿Pero cómo era en realidad Cayo Julio César? Uno de los problemas que se nos presentan al abordar el estudio de los principales personajes de la República romana es que hemos idealizado tanto sus figuras que resulta casi imposible despojarlas de elementos míticos y otros añadidos posteriores. El caso de César es muy significativo. A pesar de que sabemos que padecía algunos defectos físicos y estéticos como la calvicie, nuestra imaginación siempre concibe un César atractivo y sensual incluso en su edad madura. ¿Era realmente así Cayo Julio César?

La pasada semana se dio un paso que puede ser clave a la hora de despojar a esta figura de su belleza mítica y llegar a tener una visión más realista del hombre que fue César. La arqueóloga Maja d’Hollosy presentó en el Museo Nacional de Antigüedades de Amsterdam una reconstrucción del rostro y la cabeza de César que no dejará indiferente a nadie. Para lograrlo ha partido de un busto de mármol conservado en esta institución. Dado que la pieza en cuestión presenta fracturas en la nariz y la barbilla, el estudio de la cabeza de César se ha completado con otros bustos conservados en otros museos de Europa. La técnica utilizada ha combinado elementos digitales y físicos para obtener un modelo que posteriormente se ha hecho realidad usando siliconas y otros materiales.

El resultado es cuanto menos inquietante, ya que muestra a un personaje muy diferente del que estamos acostumbrados a ver en películas y reconstrucciones más idealizadas. Un hombre maduro, con una frente amplia que acentúa las grandes entradas y la escasez de cabello. Unos ojos pequeños y juntos, sobre una nariz aguileña y una boca de labios finos y severos. Un ser humano de carne y hueso, en definitiva, muy distinto del personaje de mármol que nos ha legado la tradición.

El busto realista de César fue mostrado al público durante la presentación del último libro del arqueólogo Tom Buijtendorp, y tal fue la sensación que causó que llegó a eclipsar tanto al autor como a su recién publicada obra.

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