"El silbido del arquero", de Irene Vallejo

Promedio: 5 (3 votos)

Portada de "El silbido del arquero"En un tiempo en el que encontramos cada vez más novelas históricas de calidad literaria cuestionable inundando las estanterías de las librerías, resulta una grata sorpresa dar con una obra que, además de estar ambientada en el pasado resulta estar sorprendentemente bien escrita. Una novela que no sólo te hace disfrutar por sus personajes y sus situaciones, sino que te permite disfrutar de la lengua en la que está escrita, del estilo del autor. “El silbido del arquero” conjuga a la perfección ambas características: una documentación histórica previa impecable y un uso de la lengua que, en ocasiones, bordea lo magistral. Irene Vallejo demuestra con esta incursión en el mundo mítico de Roma que no sólo conoce a la perfección el poema virgiliano y la época de Augusto, sino que siente un profundo amor por ellos. Porque sólo una persona capaz de amar a Eneas y a Virgilio es capaz de escribir una novela de una belleza semejante.

“El silbido del arquero” nos trasporta hasta las costas de una recién nacida Cartago, en el momento en el que las naves de los troyanos, comandados por Eneas, llegan a la playa empujadas por una violenta tempestad. En la colonia tiria, la reina Elisa trata de gobernar con justicia pese a las presiones a las que se ve sometida. La llegada de Eneas y sus troyanos, y el amor evidente que la reina comienza a manifestar hacia el héroe teucro, desencadenan intrigas, muertes y conflictos en la ciudad. Mientras tanto, Yulo, el pequeño hijo de Eneas, y Ana, hermana de la reina, viven su infancia ajenos a los problemas de la corte.

La novela está narrada en primera persona en la mayor parte de su extensión, dando voz a los principales protagonistas de la historia. Eneas, héroe atormentado por su pasado, debatiéndose de forma constante entre el amor de Elisa y su obligación con los dioses y sus profecías. Elisa, reina de Cartago, enamorada de forma sincera del héroe troyano y deseosa de proporcionar seguridad y prosperidad a sus súbditos. Ana, hija de la hechicera de Tiro, única niña en una ciudad de hombres y mujeres maduros. Yulo, un pequeño que sólo ha conocido la dureza de la guerra y que encuentra en Cartago su primer hogar en paz. Y Eros, dios del amor, empeñado en que la relación entre Eneas y Elisa triunfe sobre las adversidades. Cada uno de ellos con su propio estilo, con su propia voz, va desgranando la trama de la novela. En numerosas ocasiones se nos cuenta la misma escena desde el punto de vista de varios personajes, ganando con ello profundidad y riqueza de matices.

Pero “El silbido del arquero” tiene un protagonista más. Un personaje que vive su vida un milenio después de que Eneas desembarcara en las costas de Cartago. El poeta Virgilio, atormentado por su incapacidad para cumplir el duro encargo impuesto por Augusto de escribir un poema épico en el que se glorifiquen los orígenes de Roma. De la mano del poeta, el lector descubre las calles de la Roma de Augusto, calles atestadas de mendigos, quiromantes y vendedores, calles sucias y fétidas, con sus letrinas y sus baños públicos, sus tiendas y sus edificios atestados de habitantes. Pese a que la trama principal se centra en la historia de Eneas y Elisa, los escasos capítulos dedicados a las dudas de Virgilio tienen una fuerza tal que llevan al lector a lamentar que no se le haya dedicado al poeta una novela en exclusiva. Las páginas dedicadas a Virgilio saben a poco, dejan con ganas de más. La fugaz aparición de algunos personajes, como Horacio, y la mención a otros, como Cornelio Galo, Mecenas, Agripa o Tito Livio, te ponen a las puertas de un mundo maravilloso, sin dejarte franquearlas más que por unos minutos.

Es cierto que la autora se permite algunas licencias creativas, tales como la especial relación de Eneas y Creusa, pero lo hace de forma tan natural que uno lo acaba asumiendo como parte de la historia concebida por Virgilio.

Con “El silbido del arquero”, Irene Vallejo se consagra como una de las mejores escritoras de novela histórica de nuestros días, demostrando con esta obra que para recrear el mundo antiguo no es necesario escribir un volumen colosal de mil páginas y llenarlo de batallas y grandes discursos, sino que basta con aunar el dominio de la lengua y el amor hacia el pasado. Dos condiciones que la autora de “El silbido del arquero” cumple a la perfección.

¿Te interesa este libro? Puedes conseguirlo aquí a un precio increíble.

Comentarios