Una fiesta privada en las ruinas de Oplontis

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La Villa de Popea, en OplontisAunque no resulta tan conocido como la vecina Pompeya, la pequeña comunidad de Oplontis, situada bajo las faldas del Vesubio, es una de las joyas arqueológicas que esconde la Campania. Apenas excavada en los siglos XVIII y XIX, Oplontis comenzó a estudiarse, ya con métodos modernos, en la segunda mitad del siglo XX, un heho que ha contribuido a minimizar su deterioro en comparación con las muy populares y turísticas Pompeya y Herculano. En efecto, Oplontis se ha salvado hasta el momento de los derrumbes y destrozos producto de la mala planificación que están afectando a otros yacimientos de la zona. La llamada Villa de Popea, una enorme domus que se supone que perteneció a la segunda esposa del emperador Nerón, Popea Sabina, es uno de los lugares más emblemáticos del municipio, debido a su buen estado de conservación y a la atracción fetichista que supone visitar la casa en la que pudo habitar de forma puntual este polémico personaje.

Como hemos informado en repetidas ocasiones en Portal Clásico, tras las amenazas de la UNESCO de retirar a Pompeya y Herculano su catalogación como patrimonio de la Humanidad, y las jugosas subvenciones que ello conlleva, el gobierno italiano reaccionó poniendo en marcha el llamado Plan Pompeya, un proyecto de optimización de recursos y aumento de la protección de los yacimientos de la zona del Vesubio. Sin embargo, no parece que los planes de sus responsables sean los más adecuados para la defensa del patrimonio arqueológico. El pasado fin de semana, la Villa de Popea acogió una fiesta privada organizada por un grupo no identificado que, previo pago al gobierno italiano de una importante suma, pudo disfrutar de la recreación de una cena al más puro estilo romano. Camareros vestidos de época, luces ténues y música que transportaba a los invitados a la Antigüedad, hicieron las delicias de unas setenta privilegiados que pudieron disfrutar de este magnífico enclave. En el exterior, convenientemente controlados por la policía, un grupo de ciudadanos italianos se manifestaba contra tal uso del yacimiento arqueológico. Tal y como argumentaban, no puede permitirse que un patrimonio que pertenece a todos los seres humanos sea disfrutado por un grupo reducido, elegido por su riqueza. Invitados entrando a la Villa de Popea durante la fiesta

La polémica está servida. ¿Debe buscarse un uso rentable a los yacimientos arqueológicos para completar la financiación que el sector público no llega a cubrir? ¿Es una buena política de conservación permitir fiestas de este tipo en el interior de una villa romana del siglo I d.C.? Los partidarios de hacer que la cultura sea compatible con el desarrollo económico no dudan en excursar este tipo de eventos con el argumento del bien mayor: el dinero que se recaude puede utilizarse para fianciar nuevas excavaciones y musealizar lo ya excavado. Por otro lado, los detractores de este tipo de políticas opinan que el patrimonio en ningún caso debe ser mercantilizado, sino que debe estar abierto a todos los ciudadanos con independencia de su poder adquisitivo. Por el momento, parece ser que los responsables del Proyecto Pompeya apuestan por la primera opción.

Fuente: Metropolis

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