¿Arte o atentado contra los Bronces de Riace?

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El artista tomando fotografías, El experimento de Bruneau
Luis Manuel López | Lun, 11 Ago 2014 - 10:45
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El experimento de BruneauComo todo aficionado al arte antiguo sabe, la mayor parte de las esculturas griegas que han llegado hasta nuestros días lo han hecho gracias a copias romanas tardías, siendo muy contados los casos de piezas originales que han sobrevivido. Esta realidad es especialmente patente en el caso de las esculturas de bronce, debido a que el valor intrínseco de este material llevó a muchas esculturas antiguas a acabar en talleres de fundición para ser trasformadas en objetos más prosaicos. Dentro las escasas estatuas de bronce griego que han llegado al siglo XXI destacan los llamados Bronces de Riace, una pareja de esculturas que muestran a un hombre maduro y uno más joven, y que fueron encontradas bajo las aguas de la zona de Regio, en Italia. Estas piezas se convirtieron, tras su rescate, en la joya indiscutible del Museo Nacional de la Magna Grecia, una institución que acoge una gran cantidad de objetos de procedencia o influencia griega hallados en el sur de Italia. Con el objetivo de promocionar el conocimiento de los Bronces de Riace en todo el mundo, los responsables del museo encargaron al fotógrafo y artista Gerald Bruneau, formado en la escuela de Warhol, una sesión de fotos artísticas para diversas publicaciones. La idea original de Bruneau era situar ambas esculturas en un contexto de gasas blancas que les rodeaban y caían lánguidamente sobre ellas, una puesta en escena respetuosa con las delicadas piezas de más de dos milenios y medio de antigüedad. Sin embargo, el artista tenía sus propios planes para una sesión fotográfica más personal. En el momento en que las autoridades le dejaron a solas con las esculturas, decidió vestir una de ellas con un tanga de leopardo y una boa de plumas rosas para, de esta guisa, tomarle varias fotos. Aunque el experimento fue de inmediato descubierto, Bruneau tuvo tiempo de tomar varias instantáneas de su "original" creación. Los análisis inmediatos revelaron que el artista no había llegado a dañar el delicado bronce de las esculturas, un material que, de debemos olvidar, estuvo surmergido bajo las aguas durante un tiempo superior a los dos mil años, con lo que ello conlleva para su deterioro y fragilidad. Si se demostrara que finalmente la osadía de Bruneau no ha tenido mayores consecuencias podremos afirmar con alivio que la única víctima de esta ridícula sesión de fotos ha sido el buen gusto. Fuente: Artnet News