Roma Oscura

Cuarto Milenio y las pirámides de Cuenca

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Logo del programa Cuarto Milenio

Por todos los arqueólogos e historiadores es sabido que el programa “Cuarto de Milenio”, dirigido con gran éxito desde hace años por Iker Jiménez, no se caracteriza precisamente por el rigor científico o histórico de sus contenidos. Por desgracia, tanto en el enfoque de los temas como en los colaboradores y tertulianos que habitualmente llenan su plató, “Cuarto Milenio” antepone el sensacionalismo al rigor científico, el espectáculo y el misterio a la realidad histórica. Cuando los temas que se abordan en el programa están relacionados con la parapsicología o el ocultismo, todos sabemos a qué atenernos y disfrutamos a nivel lúdico, e incluso antropológico, de sus contenidos. Cuando tocan temas históricos o científicos, “Cuarto Milenio” llega a sobrepasar en ocasiones los límites de lo éticamente permisible.

Un ejemplo de ello lo pudimos ver el pasado domingo 15 de noviembre con el trato que se dio al descubrimiento de una supuesta pirámide en el yacimiento castellano de “Cerro del Cabezuelo”. El tema tenía todos los ingredientes para hacer con él un programa digno de “Cuarto Milenio”. Una supuesta pirámide enterrada bajo toneladas de tierra. Un yacimiento arqueológico poco conocido. Un intrépido explorar que decide por su cuenta y riesgo explorar y desentrañar los misterios insondables de tan vetusto monumento. El equipo de Iker Jiménez no podía dejar pasar una oportunidad así, de modo que, cámara en mano, envió a un equipo de grabación liderado por el arqueólogo de cabecera del programa, Nacho Ares, para acompañar al supuesto descubridor de la pirámide, Manuel Abril. Y, para dar viso de credibilidad al asunto, añaden al equipo a un geólogo que certifique que, en efecto, la forma piramidal puede deberse a la acción humana. Una vez en el terreno, el equipo se puso manos a la obra. Con una voz en off capaz de poner los pelos de punta al espíritu más templado, el reportaje narra los detalles que rodean al descubrimiento de una misteriosa pirámide en medio de la llanura de Cuenca. Y, por supuesto, tras el reportaje se emitió la correspondiente tertulia, en la que estuvieron presentes el propio Iker Jiménez, Nacho Ares y Manuel Abril, el autoproclamado descubridor de la pirámide de Cuenca.

Lo que puede parecer un simple entretenimiento para una noche de domingo es en realidad un irresponsable ejercicio de frivolidad y una falta de respeto al trabajo de quienes cada día luchan por el conocimiento y la defensa del patrimonio. Presentar a un supuesto “arqueólogo aficionado” como un interlocutor válido en cualquier tema relacionado con la investigación científica es una irresponsabilidad que puede llevar a muchos a lanzarse al campo en busca de pirámides, tumbas o tesoros. El “arqueólogo aficionado” no es tal. Es, siendo generosos, un buscador de tesoros. Y es, siendo estrictos, un expoliador. Porque ser arqueólogo no consiste en coger una pala y desenterrar lo que el tiempo ha sepultado. El trabajo del arqueólogo es pura ciencia, y como tal tiene un método que ha de seguirse y respetarse, pues de lo contrario lo único que se consigue es destruir pruebas y datos fundamentales para una correcta investigación de los materiales. El señor Manuel Abril, en su búsqueda de las misteriosas pirámides de Cuenca, con buena o mala intención, se comportó simplemente como un expoliador. Y hay que recordar que en España, por suerte, existen leyes contra este tipo de actuaciones.

Momento de la emisión del programa

Por suerte, tras la emisión del programa, se alzaron voces críticas que pidieron explicaciones a sus responsables. El arqueólogo Pablo Aparicio, uno de los máximos especialistas nacionales en recreaciones digitales del patrimonio, trató de hacerse eco de la indignación de todo un colectivo en las redes sociales, obteniendo respuesta de Nacho Ares, uno de los responsables del reportaje. Aunque Ares, vía Twitter afirmó que no compartía los métodos utilizados por Manuel Abril, lo cierto es que en ningún momento del reportaje o el debate posterior manifestó estas críticas, hecho que le fue achacado por Pablo Aparicio. Para evitar que el caso cayera en el olvido, el arqueólogo escribió un interesante artículo en su página web acerca de lo ocurrido, artículo que no tardó en hacerse viral al encontrar un gran eco entre los profesionales del ramo y los amantes de la arqueología. Lo primero que apunta en el artículo es que el yacimiento de “Cerro del Cabezuelo”, lejos de ser un descubrimiento del señor Manuel Abril, es un enclave que está documentado en la Carta Arqueológica de Cuenca. No es, como apuntaban en el porgrama, un yacimiento olvidado, sino un lugar que espera su turno de ser excavado de forma conveniente en el momento en el que exista una financiación que asegure un trabajo científico de calidad. El señor Manuel Abril, en definitiva, no es un héroe que haya sacado del olvido un monumento histórico de gran importancia, sino un inoportuno aficionado que ha destruido la posibilidad de que un arqueólogo serio hiciera un buen trabajo en el momento adecuado y con los medios adecuados. Otros blogs, como Gerión Hispania, también escribieron artículos al respecto.

Supuesta pirámide hallada en la provincia de Cuenca

Parece ser que tras la difusión de su artículo el propio Nacho Ares llamó a Pablo Aparicio para disculparse por el enfoque del programa. Un gesto loable el suyo que sin duda demuestra una profesionalidad que no se dejaba entrever en el reportaje sobre “Cerro del Cabezuelo”. Sin embargo, el daño ya está hecho, y sólo las disculpas poco pueden hacer por enmendarlo. Tanto Nacho Ares como Iker Jiménez, figuras que tienen la suerte de tener un poderoso eco mediático, deberían comprometerse para que este tipo de reportajes nunca vuelvan a emitirse en la televisión de nuestro país.

La cuestión que no debemos olvidar y que debe sentar la base de toda crítica a programas como el emitido por Cuatro es que la arqueología no es una actividad lúdica que cualquiera pueda realizar en su tiempo libre. La arqueología requiere de unos conocimientos, de una metodología y , ante todo, de una profesionalidad de la que un simple aficionado carece.

Una última reflexión. Si una persona que ejerza la medicina como afición, que atienda a pacientes y recete tratamientos y medicina sin la debida titulación, es considerada un delincuente, ¿por qué es diferente un arqueólogo aficionado?

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