¿Debe la Dama de Elche regresar a Elche?

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La Dama de Elche en el momento de su hallazgoSi el patrimonio arqueológico español cuenta con una pieza emblemática comparable a la Piedra Roseta del British Museum o el busto de Nerfertiti en el Neues Museum de Berlín, esa es sin duda la Dama de Elche. Piezas emblemáticas que mueven a los visitanntes a entrar en los museos, a pagar la entrada sólo para contemplar durante unos minutos el objeto en cuestión y, tal vez, salir del recinto de inmediato sin haberse detenido en el resto de las colecciones. Piezas que se convierten en emblemas de los museos que las contienen y a las que basta con poner en la portada de un folleto para atraer la atención del público. La Dama de Elche cumple a la perfección este papel en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Aunque sin duda existen en este recinto piezas más interesantes desde distintos puntos de vista (piénsese, por ejemplo, en el monumento funerario de Pozo Moro), la Dama es, por su belleza estética, la joya de este museo. Ni siquiera la Dama de Baza, mayor en tamaño pero de decoración más pobre y rasgos físicos más arcaicos, puede compararse a ella.

En los últimos días, la Dama de Elche ha vuelto a estar en el centro de la polémica. ¿Debe esta pieza permanecer en el Museo Arqueológico Nacional de la capital de España o, por el contrario, retornar al lugar donde fue hallada y ser exhibida con caracter permanente en un museo de Elche? Los vecinos de esta ciudad parecen tener muy clara la respuesta a este interrogante. En los últimos meses han reunido más de seis mil firmaspara exigir al gobierno que les sea devuelta la Dama con carácter inmediato. Ni la habitualmente cainita vida política de la Comunidad Valenciana supone un obstáculo para esta reclamación. Tanto el Partido Popular de Elche como el Partido Socialista local coinciden en la necesidad de que la Dama regrese a su hogar, con la salvedad de que el PP estaría dispuesto a aceptar una cesión temporal mientras el grupo socialista pide el traslado definitivo. Durante el mandato del anterior presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se llegó a un acuerdo con el consistorio ilicitano que permitió que la Dama estuviera expuesta en Elche durante un tiempo determinado, regresando al Museo Arqueológico Nacional de Madrid al finalizar el periodo acordado. Según el ayuntamiento de Elche, la Dama recibió en ese lapso temporal de repatriación más visitas que en todo un año en el MAN, un argumento para ellos definitivo de cara a la solictud de cesión definitiva. Hoy, la Dama de Elche permanece en el Museo Arqueológico de Madrid, a la espera de que éste abra sus puertas tras un largo periodo de cierre por remodelación de sus salas.

La cuestión que se debate en torno a la Dama de Elche trasciende, por suerte o por desgracia, los límites de la Historia y la Arqueología, pues entra de lleno en cuestiones políticas que no son en absoluto inocentes ni desinteresadas. Sacar la Dama de Elche de Madrid supondría un precedente que, de llevarse a sus últimas consecuencias, acabaría con la desmantelación del Museo Arqueológico Nacional por dispersión de sus fondos a lo largo y ancho del territorio. El modelo de centralismo cultural está sin duda en crisis en países que, como España, aún se encuentran inmersos en un proceso de definición de su propia identidad respecto a las instituciones estatales. ¿Tiene sentido crear una red de cientos o miles de museos arqueológicos locales con una o dos piezas significativas? ¿Es mejor ese modelo que el de crear una serie de instituciones centrales que acojan el mayor número de piezas y que sean un referente internacional de la cultura hispana? La respuesta a estas cuestiones podría abordarse desde muchos puntos de vista. Desde la visión del visitante extranjero que acude a conocer el patrimonio de un país que no es el suyo no cabe duda de que prima el criterio de la comodidad. Mejor poder visitar en una misma ciudad todas las piezas significativas que no recorrer toda la geografía española en su busca. Por otro lado, desde el punto de vista económico y pragmático, es evidente que resulta más rentable gestionar una única entidad grande, cuya localización no tiene por qué ser Madrid, que cientos de pequeños museos de viabilidad dudosa. Desde mi punto de vista, en definitiva, la solución pasa por la flexibilidad de posturas. La decisión tomada por el anterior ejecutivo de ceder temporalmente las piezas a sus lugares de origen permitiría aunar los intereses de unos y otros, sin que se dañe la ya de por sí magra inversión que reciben los museos españoles de los presupuestos generales del estado.
La Dama de Elche en el MAN

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