The Economist, el papa y el latín en el mundo actual

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The EconomistMientras muchos consideran el latín un lastre del pasado sin utilidad ni interés alguno para nuestro acelerado y práctico presente, otros, por el contrario, siguen cobrando conciencia del gran valor que esta lengua continúa teniendo en nuestros días. Desde este punto de vista, el prestigioso diario The Economistha publicado un artículo en el que se pregunta por qué el latín, una lengua muerta sin hablantes nativos, tiene aún tanto predicamento en algunos sectores de la sociedad. Bajo el sugerente titular de “¿Por qué está regresando el latín?”, el punto de partida del artículo es la cuenta de Twitter que el papa Benedicto XVI puso en marcha un tiempo antes de su renuncia como pontífice, una cuenta en la que sólo se dirigiría a sus seguidores en latín. El número de personas de todo el mundo interesadas en esta nueva cuenta pronto superó los ciento treinta mil. De hecho, como ha señalado David Butterfield, profesor de la Universidad de Cambridge, el latín resulta una lengua idónea para este tipo de redes sociales en las que el usuario tiene un número limitado de caracteres para expresarse, dada su capacidad para la concisión y para plasmar una gran cantidad de ideas con mu pocas palabras. El hecho de que hayan sobrevivido una gran cantidad de sentencias y aforismos en esta lengua es una prueba de la gran capacidad del latín para formular frases lapidarias. Expresar una idea inmortal en mu pocos cara: el sueño de todo twitero que se precie. El artículo cita también la existencia de diversos medios de comunicación que utilizan el latín como lengua vehicular, periódicos y emisoras de radio que han optado por reducir su círculo de posibles receptores a los conocedores de esta lengua.
La aparición de artículos de este tipo en medios de gran tirada internacional, como The Economist, supone una bocanada de aire fresco para unos estudios cada días peor tratados y más arrinconados. Las lenguas clásicas son consideradas algo prescindible, reliquias de un pasado curioso que hay que almacenar en polvorientas estanterías de museos y bibliotecas, pero a las que no hay que dedicar excesivo tiempo ni, por supuesto, mucho dinero. En efecto, el latín y el griego no forman parte de los saberes que un economista o un ingeniero deben atesorar para llevar a cabo sus funciones laborales. No hay duda de que si consideramos al ser humano como una máquina que debe prepararse, producir y morir, las lenguas clásicas no pueden tener cabida en nuestra visión del mundo.
Afortunadamente, el ser humano es mucho más que una máquina productora y consumidora de riquezas y recursos. El ser humano es una entidad total que vive en un plano mental y espiritual además de un uno material, una entidad que extiende sus raíces a lo largo de milenios de historia. El latín y el griego forman parte de nuestras raíces, de la esencia de lo que fuimos y, en consecuencia, de lo que somos. Perder su conocimiento supone secarnos como cultura, como sociedad mediterránea que somos. Porque en griego y en latín los europeos aprendimos a navegar por los mares, a curar las enfermedades, a declarar la guerra y firmar la paz. En griego y en latín aprendimos a describir el mundo que nos rodeaba, a soñar con otros mundos lejanos. En griego y en latín los europeos aprendimos a amar, a decir te quiero, a expresar los celos, a pedir perdón, a hacer hechizos de amor ante el altar de los dioses. En griego y en latín hablaron San Pablo y Séneca, Catulo y Anacreonte, Tucídides y Virgilio.
Se podrían dar cientos de miles de argumentos acerca de por qué se debe preservar a toda costa el patrimonio lingüístico que suponen el latín y el griego. Aquí sólo ofreceremos uno más. En griego se escribió la Ilíada. Y no hay más que hablar.
Benedicto XVI y su Ipad

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