Sangre de Baco

¿Estaban amañadas las competiciones de lucha en la Antigüedad?

Promedio: 5 (1 voto)

Pintura griega con una escena de lucha deportivaPara muchos de los que hoy rondamos los treinta, saber que los combates de lucha libre que con tanto pasión veíamos en nuestra muy televisiva infancia estaban amañados fue un golpe difícil de asumir. Vistos con los ojos críticos de un adulto, lo cierto es que resulta evidente que los combates de la WWF se asemejan más a coreografías más o menos pulidas que a auténticos lances sobre una lona. Hoy en día no hay ninguna duda de que este espectáculo tiene mucho de representación escénica y poco de competición. Pero, ¿era esto así en la Antigüedad?
La lucha era uno de los principales deportes que los griegos practicaban en diversos festivales atléticos. Esta disciplina tenía una gran importancia, pues además de como entretenimiento deportivo servía como entrenamiento militar para sus practicantes y, como tal, estuvo presente en todos los grandes juegos hasta que fueron prohibidos por los emperadores cristianos. Pese a que no tenemos razones para sospechar que estas competiciones estuvieran amañadas por norma general, recientemente los medios de divulgación científica han sacado a la luz un papiro que demuestra que al menos en ocasiones el resultado sí estaría pactado de antemano. El papiro en cuestión es un contrato entre dos luchadores adolescentes que habían llegado a las finales de una competición en la localidad egipcia de Antinópolis, lugar donde se celebraban con carácter periódico las Grandes Antinoeia, certámen atlético y poético instaurado por el emperador Adriano en honor de su amante muerto y divinizado. En el papiro, el padre de uno de los luchadores, un tal Nicantino, se compromete a pagar una cantidad determinada a los entrenadores del otro combatiente, Demetrio, para que éste se deje caer tres veces en medio del combate y, por tanto, quede derrotado. La suma del soborno es de tres mil ochocientas dracmas de oro y de plata, una cantidad no muy grande para el año 267 d.C. en que se ha datado el papiro. El contrato además incluye una cláusula según la cual el padre del luchador se compromete a pagar la suma acordada incluso aunque los jueces descubran que el combate ha sido amañado y, por tanto, se nieguen a concederle la victoria a su hijo.
Como siempre ocurre con estos hallazgos tan espectaculares, no sabemos qué ocurrió al final de la historia. Desconocemos si la treta surtió efecto o si los jueces descubrieron el engaño y privaron a Nicantino de su tramposa victoria. En cuanto a las conclusiones que podemos sacar de este documento, está claro que este tipo de acuerdos entre las partes debió existir en un mundo en el que se celebraban incontables certámenes atléticos en todo el Mediterráneo oriental. Naturalmente, que esto ocurriera en festivales de poca trascendencia, como eran las Antinoeia, no implica que en certámenes más importantes y prestigiosos, como los de Olimpia o Corinto, ocurriera lo mismo. Desde nuestro punto de vista, lo más interesante de este documento es la constatación de que algo tan esencialmente griego como la lucha deportiva caló en regiones como Egipto, helenizadas sólo tras la invasión de Alejandro Magno, y que esta herencia cultural perduró a lo largo de los siglos. De hecho, este papiro es posiblemente uno de los últimos testimonios que tenemos de prácticas deportivas en Egipto antes de que los emperadores cristianos, convencidos de lo pecaminoso de estas prácticas, decidieran prohibirlas, relegando el deporte tal y como lo concebían los griegos a un olvido milenario.

Fuente: LiveSciencie

Comentarios