Fallece el profesor y arqueólogo José María Blázquez

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El historiador y arqueólogo José María Blázquez

En un tiempo en el que la Historia Antigua en España era poco más que una excentricidad que practicaban un puñado de profesores que se habían formado en el extranjero, José María Blázquez supo ver la necesidad de separar esta disciplina de la Arqueología y la Filología Clásica. Por este motivo, Blázquez es considerado por muchos uno de los padres de la actual Historia Antigua en España.

Este arqueólogo, historiador, epigrafista y un largo etcétera, ha fallecido a la edad de noventa años, dejando tras de él una prolífica obra de investigación, compuesta por decenas de monografías y artículos, así como una larga lista de discípulos repartidos por diversas universidades del territorio español. Sin Blázquez, la Historia Antigua en nuestro país no habría sido la misma. Tal vez otro la habría impulsado, pero desde luego no habría sido igual. Su enorme erudición, sus conocimientos filológicos y arqueológicos, su dominio de muy diversas disciplinas y su curiosidad insaciable, hicieron de él uno de los últimos sabios de cuño antiguo que ha conocido el mundo académico hispano. En un mundo en el que se imponía la especialización hasta la nausea, Blázquez siempre quiso abordar sus investigaciones desde un punto de vista multidisciplinar, entendiendo que tan valiosas eran las fuentes epigráficas, como las arqueológicas y las literarias.

José María Blázquez se doctoró en la Universidad de Salamanca con una tesis acerca de las religiones primitivas de Hispania, un campo éste que muy pocos habían trabajado desde un punto de vista moderno. Gracias al magisterio de su mentor, Antonio García y Bellido, Blázquez destacó muy pronto entre los eruditos de su generación, comprendiendo la necesidad de salir al extranjero para ampliar estudios. De este modo, logró hacerse con una beca Alexander von Humboldt, uno de los más prestigiosos reconocimientos que todavía hoy concede el mundo germano a los estudiantes extranjeros. Con esta beca pudo realizar una larga estancia en la universidad de Marburg, estancia de la que nació el fuerte vínculo entre el profesor Blázquez y Alemania. De hecho, su esposa y compañera de vida, fue una arquitecta alemana, Beatrix Schwaar.

De regreso a España, José María Blázquez siguió combinando sus estudios teóricos en Historia con una intensa labor como arqueólogo. El yacimiento de Cástulo fue una de sus principales obras, a la cual dedicó una gran cantidad de años a lo largo de su vida. Fuera de España, realizó excavaciones en el Monte Testaccio, en Roma, convirtiendo este yacimiento en el principal lugar de prácticas para las nuevas generaciones de arqueólogos clásicos que se formaban con él. Sus publicaciones y conferencias le valieron el acceso a la cátedra de Historia Antigua de la Universidad de Salamanca, la más antigua y la única que había en aquel momento. Fue posteriormente cuando la Universidad Complutense de Madrid decidió crear una nueva cátedra con el mismo nombre, siéndole ofrecida a don José María. Desde ese momento, Blázques estará ligado a la Complutense, en la que ejerció como profesor hasta su jubilación.

Resultaría tedioso enumerar la casi infinita lista de premios y menciones que recibió a lo largo de su vida, tan amplia como la de sus obras y publicaciones. Premios que él mismo no gustaba de recordar. Baste decir que hubo pocos países de Europa que no reconocieran a José María Blázquez su importancia y su valor, concediéndole menciones y doctorados honoris causa en muy distintas universidades. En España, fue miembro de la Real Academia de la Historia, siendo uno de los primeros especialistas en Historia Antigua en ocupar tal posición.

A pesar de haber alcanzado la fama inmortal por su altura académica, no se puede hablar de José María Blázquez sin hacer mención a su enorme talla como ser humano. Cualquiera que haya asistido a una de sus conferencias ha cobrado conciencia de la fuerza demoledora de sus palabras, del enorme carisma que desprendía en cada una de sus intervenciones. Un hombre generoso, amable, divertido, que supo siempre hacer de la Historia y la Arqueología dos disciplinas cercanas y vivas para los estudiantes. Un hombre que supo investigar con profundidad, pero que al mismo tiempo respetó y ejerció la labor de divulgación, tan importante como denostada por muchos.

Sin embargo, el legado más importante de don José María es el que ha dejado en sus decenas de discípulos directos y centenares indirectos. Varias generaciones de hombres y mujeres que hoy son a su vez catedráticos de Historia, Epigrafía y Arqueología, y que han sabido transmitir a los más jóvenes las enseñanzas de su maestro. Un legado inmortal que ha permitido que hoy en día casi todas las universidades españolas tengan un departamento de Historia Antigua, que se hallan multiplicado las publicaciones especializadas y que esta disciplina sea respetada y amada en todo el mundo académico.

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