Investigaciones en el acueducto que abastecía a Roma

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El antiguo caudal del Anio, actual río Aniene, recogía el agua de los montes Simbruinos, cadena montañosa que se encuentra entre las regiones de Lazio y Abruzzo, y cuya etimología nos puede dar una pista de cómo era, al menos hace unos milenios, su clima predominante. En efecto, [Monti] Simbruini parece proceder del latín sub imbribus, bajo o por debajo de las lluvias.

Montes Simbruinos

Al río Anio, por su parte, le daba nombre, según la mitología griega, el hijo de Apolo y residente de la isla de Delos. Pues bien, ya en época de Calígula o de Claudio, los romanos decidieron aprovechar el agua que llenaba su cuenca, construyendo un acueducto que la condujera hasta la ciudad para disfrute de sus ciudadanos. De este acueducto, denominado Anio Novus por el río donde comenzaba su carrera y terminado no más tarde del año 52 d.C., aún podemos contemplar parte de lo que fuera su paso por la aeterna civitas, en la Piazza di Porta Magiore.

Este acueducto es objeto de análisis en un proyecto llevado a cabo por la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign que ha desvelado recientemente la cantidad de agua que transportaba el Anio Novus y de la que proveía a la ciudad de Roma. Los investigadores del proyecto han informado al Journal of Archaeological Science de los avances al respecto. A partir de los sedimentos calizos han podido determinar el nivel medio del agua que fluía por el interior del acueducto, y se ha estimado que la construcción romana vomitaba unos 1400 litros del líquido elemento cada segundo (1,4m^3). Además, parece ser que a su paso por la ciudad, el acueducto se encontraba especialmente rebosante.

Acueducto Roma Vecchia
También resulta interesante cotejar estos datos con el texto del De Aquaeductu de Sexto Julio Frontino. Los errores e incoherencias que hasta ahora han encontrado los expertos al intentar calcular la cantidad de agua que transportaba el acueducto también resultaron molestas al curator aquarum, de los que sus textos no carecen, según Bruce Fouke, profesor de geología y microbiología de la Universidad de Illinois. De hecho, parte del problema parece haber sido ése: intentar conciliar los datos de las sucesivas investigaciones con los cálculos, en ocasiones rudimentarios y deficientes, de la época del acueducto. En este último estudio, con un margen de error de 0,4, se ha tenido en cuenta tanto la velocidad del agua como el proceso de sedimentación.

El acueducto supone una de las estructuras más monumentales y que mejor retratan la consciencia del carácter civilizacional que representaban los propios romanos, y éste precisamente es, muy probablemente, una de las razones que catapultaron las cifras demográficas de la ciudad durante el siglo I d.C. y permitió que una población de seis cientos mil habitantes llegara al millón.

Fuente: Carl R. Woese Institute for Genomic Biology at Illinois

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