La construcción de un parking en Granada arrasa con los restos de una villa romana

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Restos de la villa romana de Los MondragonesUna vez más, una institución de gobierno española prioriza la construcción sobre la conservación del patrimonio. Ha ocurrido en la villa de Los Mondragones, en Granada, un yacimiento en el que se ha documentado la existencia de una gran villa romana, con suelos adornados con mosaicos, un molino de aceite, el mejor conservado de toda la Península, y un edificio que se ha interpretado como uno de los más antiguos templos cristianos presentes en nuestro pais, datado en el siglo VI d.C. La Junta de Andalucía ha alcanzado un acuerdo con el Ayuntamiento de la localidad, según el cual todos los restos, con excepción del molino, serán sacados del lugar en el que se encunetran y almacenados a la espera de una ubicación definitiva. En el lugar donde hoy está el yacimiento arqueológico se levantará un gran aparcamiento destinado a mejorar las condiciones del tráfico de la zona. Esta decisión ha sido considerada por muchas instituciones y por algunos grupos políticos como un atropello contra el patrimonio común, una muestra más de la prioridad absoluta que las instituciones dan al negocio del ladrillo sobre la defensa de los restos arqueológicos. Pese a que el consistorio ha tratado de atajar estas críticas restando importancia a los restos hallados en este yacimiento, lo cierto es que, de confirmarse que el templo estaba consagrado a la religión cristiana estaríamos ante la constatación de que la presencia de esta comunidad en la antigua Granada era más importante de lo que hasta el momento se había supuesto, algo que obligaría a escribir de nuevo la historia de los primeros tiempos de esta religión en la tierra que acogió el fundamental Concilio de Elvira. Pese a que, como argumentan los responsables del Ayuntamiento, los restos van a ser trasladados y nunca destruidos, lo cierto es que su destino, el Museo Arqueológico Municipal, es un edificio que lleva cerrado ya varios años por problemas de humedades que hacen de él un lugar difícilmente acondicionado para la conservación de materiales delicados. La decisión del traslado choca, además, con un acuerdo previo que está hoy anulado, segun el cual estos restos serían musealizados in situ para que los visitantes pudieran disfrutar de ellos al tiempo que los arqueólogos pudieran continuar con sus investigaciones. Parece ser que, finalmente, ha pesado más el interes crematístico que el cultural. Como cualquier arqueólogo sabe, mover un resto de su lugar de origen sin haber sido estudiado de forma detallada es una vía segura a la pérdida de la información que dicho objeto podría aportar a los investigadores. Por muchas excusas que los respomsables políticos quieran poner, la realidad es que estamos una vez más ante una destrucción voluntaria y consciente del patrimonio arqueologico en beneficio de los intereses urbanísticos.

Fuente: El Mundo

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