La destrucción de Pompeya: la ciudad romana arrasada por la erupción del Vesubio

La destrucción de Pompeya fue causada por la erupción del Vesubio en el año 79 d.C., dejando un legado único para la arqueología de la posteridad.
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La destrucción de Pompeya: la ciudad romana arrasada por el Vesubio
Luis Manuel López | Vie, 20 Mar 2026 - 08:33
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En el año 79 d.C., el Vesubio reventó con una furia que nadie esperaba y sepultó la próspera ciudad romana de Pompeya bajo toneladas de ceniza y piedra pómez. Miles murieron. Y aquí viene lo extraño: esa catástrofe que arrasó con todo dejó congelado un instante, una especie de fotografía tridimensional de la vida cotidiana hace casi veinte siglos. Vamos a recorrer qué pasó durante aquella erupción, qué suerte corrieron ciudades vecinas como Herculano y qué nos han revelado las excavaciones desde entonces.

¿Cuándo y cómo ocurrió la erupción del Vesubio que destruyó Pompeya en el año 79?

¿Cuál fue la fecha exacta de la erupción: 24 de agosto o 24 de octubre del año 79?

Durante siglos, nadie cuestionó que la erupción había tenido lugar el 24 de agosto. Las cartas de Plinio el Joven a Tácito parecían dejarlo claro. La fecha se repetía en manuales, documentales y guías turísticas como verdad establecida. Pues bien, la vulcanología moderna ha puesto ese dato patas arriba.

Los arqueobotánicos encontraron restos de frutos otoñales entre los escombros: granadas, nueces, castañas. También braseros encendidos, algo absurdo en pleno agosto mediterráneo. Estos indicios apuntaban a una fecha más tardía. El golpe definitivo llegó en 2018, cuando apareció una inscripción a carboncillo que mencionaba el "decimosexto día antes de las calendas de noviembre" —el 17 de octubre—, lo que demuestra que la ciudad seguía funcionando mucho después del supuesto día de la catástrofe. La hipótesis que gana fuerza sitúa la erupción el 24 de octubre. Y no es solo una discusión de eruditos: cada nuevo dato obliga a repensar lo que creíamos saber sobre aquel día.

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La destrucción de Pompeya: la ciudad romana arrasada por el Vesubio

¿Cómo se desarrollaron las diferentes fases de la erupción del monte Vesubio?

El Vesubio no explotó de golpe. Hubo fases, y cada una trajo su propia forma de destrucción.

Todo comenzó con un penacho colosal de ceniza y piedra pómez que ascendió unos 33 kilómetros hacia la atmósfera. Durante aproximadamente 18 horas, este material cayó sobre Pompeya como una lluvia silenciosa y mortífera, acumulando hasta 2,8 metros de depósitos. Esa fase inicial dio tiempo a muchos para escapar. Quienes decidieron quedarse —por terquedad, por proteger sus bienes o porque subestimaron el peligro— quedaron atrapados bajo techos que terminaron cediendo.

La segunda fase fue otra historia. Oleadas piroclásticas bajaron por las laderas del Vesubio a más de 100 km/h: nubes de gas abrasador y ceniza a temperaturas que rondaban los 500°C. No había escapatoria posible. Los vulcanólogos calculan que estas corrientes alcanzaron Pompeya unas 12 horas después del inicio de la erupción. Sellaron el destino de la ciudad y de todos los que permanecían en ella.

¿Qué testimonio dejó Plinio el Joven sobre la furia del volcán Vesubio?

Las cartas de Plinio el Joven constituyen el primer relato pormenorizado de una erupción volcánica del que tenemos constancia. Su valor documental es inmenso. Desde Miseno, a unos 30 kilómetros del volcán, el joven observó el desastre y más tarde relató al historiador Tácito tanto su experiencia como la muerte de su tío, Plinio el Viejo, que pereció intentando socorrer a amigos cerca de la zona de peligro.

Una imagen de su relato ha quedado grabada en la terminología científica: la columna de humo que se elevaba "como un pino altísimo que luego se extendía en ramas". Hoy llamamos "columna pliniana" a ese tipo de formación eruptiva. Plinio también dejó constancia de cómo la oscuridad se volvió tan densa que parecía "no la de una noche sin luna, sino la de una habitación con todas las luces apagadas". Sus palabras transmiten el pánico de quienes huían mientras los edificios temblaban y el aire se volvía irrespirable.

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¿Cómo era la ciudad de Pompeya antes de su destrucción por la erupción volcánica?

¿Cuál era la importancia de Pompeya en la antigua Roma?

Pompeya distaba mucho de ser una aldea insignificante. Cerca de la bahía de Nápoles, la ciudad se había convertido en un centro comercial de peso y en lugar de veraneo para la aristocracia romana. Albergaba entre 15.000 y 20.000 habitantes y funcionaba como nexo entre Roma y las regiones del sur, con un puerto activo y tierras agrícolas fértiles —enriquecidas, irónicamente, por los antiguos depósitos volcánicos del propio Vesubio—.

La historia de Pompeya refleja las sucesivas capas de influencia que modelaron Italia: orígenes oscos en el siglo VIII a.C., paso de griegos y samnitas, y finalmente la absorción romana tras la Guerra Social (91-88 a.C.). Bajo el Imperio alcanzó su máximo esplendor económico y cultural. Cuando el volcán entró en erupción, la ciudad aún se recuperaba del terremoto del año 62 d.C. Muchos edificios estaban en obras, detalle que los arqueólogos han confirmado al excavar andamios, herramientas y reparaciones a medio terminar.

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¿Cómo era la vida cotidiana y la cultura en los últimos días de Pompeya?

La vida pompeyana destilaba la sofisticación de una ciudad romana de provincias bien conectada. Sus habitantes disponían de baños públicos, acueductos, alcantarillado. El día arrancaba al amanecer: comerciantes abrían tiendas, artesanos sus talleres. Los ciudadanos adinerados recibían a clientes en el atrio de sus domus durante la salutatio matutina, mientras los esclavos —alrededor de un tercio de la población— se afanaban en tareas domésticas o productivas.

El ocio ocupaba un lugar central. Las termas eran punto de encuentro, mezcla de gimnasio, spa y club social. El anfiteatro atraía multitudes para los combates de gladiadores. La comida también importaba, como demuestran las numerosas tabernae y thermopolia —algo así como los bares de tapas de la época— que las excavaciones han sacado a la luz.

En vísperas de la catástrofe, la actividad comercial y artística era intensa. Los frescos muestran influencia helenística; las paredes están llenas de graffiti, muchos de ellos electorales y frescos, lo que sugiere que la ciudad se preparaba para comicios municipales cuando el Vesubio decidió intervenir.

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¿Qué estructuras y edificios caracterizaban la existencia de la ciudad?

La traza urbana de Pompeya seguía el modelo ortogonal típicamente romano: calles principales —decumani y cardines— que se cruzaban en ángulo recto formando manzanas residenciales y comerciales. El foro, corazón de la vida pública, reunía el templo de Júpiter, la Basílica y los edificios administrativos.

Los espacios de ocio eran impresionantes. El anfiteatro, con capacidad para 20.000 personas, figura entre los más antiguos del mundo romano. Las termas de Estabia y del Foro ofrecían instalaciones para el baño y la socialización. El teatro grande y el odeón acogían representaciones dramáticas y musicales. El sistema de abastecimiento de agua —acueductos, fuentes, cloacas— evidenciaba un desarrollo urbano avanzado.

Las viviendas se dividían en dos tipos principales: las domus, casas unifamiliares con atrios, peristilos y decoración elaborada (la Casa del Fauno o la Villa de los Misterios son ejemplos célebres), y las insulae, bloques de apartamentos de varias plantas para las clases menos pudientes. Esta configuración quedó perfectamente sellada bajo las cenizas y hoy puede recorrerse en el Parque Arqueológico de Pompeya, una ventana directa a la vida romana.

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¿Qué ocurrió con los habitantes de Pompeya durante la erupción del Vesubio?

¿Cuántas personas lograron huir de la ciudad y cuántas perecieron?

De los 15.000 a 20.000 habitantes que tenía la ciudad, se calcula que dos tercios consiguieron escapar durante la primera fase de la erupción, cuando la lluvia de ceniza y piedra pómez aún permitía el desplazamiento. Esas horas resultaron decisivas para quienes tomaron la decisión de marcharse.

Los estudios arqueológicos estiman que unas 2.000 personas murieron en Pompeya, aunque hasta ahora solo se han recuperado alrededor de 1.150 cuerpos. Es probable que muchas víctimas fueran alcanzadas por las oleadas piroclásticas en las afueras o en zonas que aún no se han excavado. Las evidencias muestran patrones de huida: algunos se dirigieron al puerto; otros buscaron refugio en sótanos y espacios cerrados, donde quedaron atrapados cuando los edificios se desplomaron.

Los análisis óseos revelan que la mayoría no murió por impactos de proyectiles volcánicos, sino por asfixia o exposición al calor extremo de las nubes ardientes. Si la erupción hubiera comenzado directamente con la fase piroclástica, sin esa ventana de 18 horas, el número de víctimas habría sido muchísimo mayor.

¿Cómo quedaron preservados los cuerpos de las víctimas del desastre natural?

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El proceso de preservación de los cuerpos es tan macabro como revelador. Cuando las oleadas piroclásticas alcanzaron la ciudad, quienes no habían huido murieron de forma casi instantánea por el golpe de calor. Las cenizas cubrieron los cadáveres y, al endurecerse, formaron un molde alrededor de ellos. Pasaron los años, los siglos. La carne se pudrió, los huesos quedaron, y donde antes había un cuerpo apareció un hueco con su forma exacta.

Giuseppe Fiorelli, director de las excavaciones a partir de 1860, tuvo una idea que cambió la arqueología pompeyana: rellenar esos huecos con yeso líquido. Cuando el yeso fraguaba, aparecía la silueta de la víctima tal como había quedado en el momento de morir. Gestos de agonía, brazos levantados, cuerpos encogidos, hasta los pliegues de la túnica. Hoy también se usan resinas transparentes que dejan ver los huesos originales dentro del molde.

Gracias a estos calcos, los forenses han podido estudiar la salud, la dieta y las enfermedades de los pompeyanos. Huesos con marcas de trabajo duro, dientes gastados, señales de desnutrición en algunos casos. Hay algo que da vértigo: la misma catástrofe que mató a esta gente nos ha permitido conocerla con un detalle imposible para cualquier otra población de la Antigüedad.