La tragedia del Titanic, el enorme transatlántico de lujo que se hundió en las aguas del Atlántico en la noche del 14 de abril de 1912, ha fascinado y conmocionado varias generaciones desde que tuvo lugar. Movidos por esta fascinación, han sido muchos los equipos de arqueólogos y simples buscadores de tesoros que se han sumergido en las gélidas aguas cercanas a Terranova para tratar de saber más acerca de este suceso o con el afán de llevarse un recuerdo de los restos del barco.
En 1986 un fotógrafo logró captar una imagen del fondo del océano que llamó la atención de todos los que la vieron. Nada menos que una copia de la llamada Diana de Versalles que pudo haber adornado uno de los lujosos salones y comedores de la sección de primera clase del Titanic. La escultura original se encuentra en el Louvre y pudo haber sido realizada por Praxíteles en el siglo IV a.C. Los diseñadores del Titanic no dudaron en llenar el barco de copias de este tipo de estatuas clásicas con el objetivo de aumentar la belleza y la sensación de exclusividad de las partes del barco destinadas a los más pudientes.
Por desgracia, desde que se realizó esta fotografía, ningún otro investigador ha sido capaz de encontrarla de nuevo para documentarla mejor o incluso tratar de sacarla a la superficie tal y como se ha hecho con otros restos. En estos momentos la propiedad de la estatua pertenece a la empresa RMS Titanic Inc., la única compañía del mundo que tiene autorización para manipular o extraer objetos del lecho marino en el que se encuentra el pecio.
James Penca, uno de los mayores especialistas del mundo en lo que se refiere a la historia de este barco, se muestra muy pesimista sobre las posibilidades de encontrar de nuevo la escultura de Diana, una misión que él describe como buscar una aguja en un pajar. De hecho, los últimos informes afirman que los restos del Titanic siguen deslizándose a una profundidad cada vez mayor, con lo que el futuro resultará incluso más difícil acceder a ellos. De hecho, el paso del tiempo está empezando a actuar en la conservación de muchos de los objetos sumergidos, que se descomponen con lentitud y seguramente serán imposibles de recuperar.
¿Lograrán en algún momento localizar esta escultura de la diosa Diana o permanecerá sumergida en el lecho marino para siempre?