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El llamado Panteón de Agripa es uno de los monumentos de Roma que atrae una mayor cantidad de visitantes y turistas cada día en la Ciudad Eterna. Levantado por el arquitecto Apolodoro de Damasco por orden de Marco Vipsanio Agripa, amigo y general de Augusto, el Panteón debe su nombre a que en su origen fue un templo consagrado a todos los dioses. La novedad que presentaba en su momento era una planta circular, algo poco habitual en la arquitectura antigua, y ante todo una inmensa bóveda, prodigio de la ingeniería que nunca antes se había visto en parte alguna del Mediterráneo. Tuvieron que pasar muchos siglos para que, en otro extremo del Imperio, en Constantinopla, se construyera una cúpula capaz de rivalizar con la del Panteón: Santa Sofía.
Además de por estas características técnicas, el Panteón atraía a los visitantes también por el hecho de que la entrada al monumento era gratis, algo inusual en Roma. Al ser hoy en día este templo una iglesia católica, el estado italiano tenía que plegarse a los deseos del Vaticano de permitir que cualquiera pudiera entrar en su recinto sin necesidad de pasar por caja. Sin embargo, esto es algo que está a punto de cambiar en fechas próximas. El Ministerio de Cultura, con Dario Franceschini a la cabeza, ha analizado la cantidad de visitantes que recibe el Panteón, seis millones de personas al año, y ha calculado los beneficios que podían obtenerse cobrando una entrada de bajo coste que no incidiera en el número de personas atraídas por el monumento. Las cifras saltan a la vista. De este modo, el ministro Franceschini se ha lanzado a negociar con el Vaticano las condiciones en las que podría cobrarse una entrada para acceder a este monumento y la forma en la que ese dinero podría administrarse. Aunque aún no se ha conseguido llegar a un acuerdo definitivo, el ministro es optimista respecto a la posibilidad de que el cobro de una entrada en el Panteón sea una realidad en fechas muy próximas.
Fuente: Il Giornale dell Arte