La Filosofía, tocada y hundida

Luis Manuel López | Artículo | 9/01/2014 - 17:07Comenta

La escuela de Atenas, de Rafael SanzioPor muy poco que se sepa acerca de la literatura y la historia de la Grecia antigua, la mayoría de ciudadanos españoles que hayan cursado un bachillerato en sus múltiples modalidades y reformas podrían responder, con más o menos dificultad, a la siguiente pregunta. ¿Sabría usted decirme el nombre de dos filósofos griegos? La respuesta inmediata que a todos, con independencia de nuestra formación cultural nos viene a la mente, es un "Sí: Platón y Aristóteles". Todos los que hemos cursado un bachillerato hemos oído hablar al menos una vez en nuestra vida del mito platónico de la caverna o el motor último de Aristóteles. Todos los que hemos cursado un bachillerato tenemos una mínima, tal vez infame, ridícula, pero existente al fin y al cabo, noción de filosofía griega.

Al menos, esto podemos afirmarlo a día de hoy. Es muy probable, sin embargo, que esta afirmación no pueda hacerse dentro de diez años gracias a la aplicación de la tan temida y justamente denostada LOMCE aprobada recientemente gracias a la mayoría absoluta del Partido Popular. En Portal Clásico, hemos hablado en numerosas ocasiones de la situación en la que quedarían asignaturas como el Latín, el Griego o la Cultura Clásica dentro del nuevo plan de estudios. Pero, por fortuna, el mundo clásico no termina en estos ámbitos, sino que hay otras asignaturas, no muchas, que también tocan temas relacionados con la Grecia y la Roma antiguas. Un ejemplo muy claro de estas materias es la Filosofía en sus muchas variantes, desde la Ética de cuarto de ESO hasta la Historia de la Filosofía de segundo de Bachillerato. Las anteriores reformas educativas ya afectaron de forma profunda a estas materias. Por poner un ejemplo, la Historia de la Filosofía pasó de tener en su temario a un número cercano a veinte autores de estudio obligatorio a una situación en la que los alumnos podían escoger sólo cinco o seis gracias a la múltiple optatividad de los exámenes. Los filósofos de la Antigüedad clásica quedaban, al menos, bien parados, pues tanto Platón como Aristóteles solían estar dentro de la terna de autores de obligado estudio. Otros latinos, como San Agustín, no corrieron la misma suerte.

¿En qué situación queda la Filosofía con la nueva ley aprobada por el omnipotente ministro Wert? No nos equivocaremos mucho si afirmamos que esta materia es la gran perdedora del proyecto de reforma. La asignatura de Educación para la Ciudadanía, una materia que, por muy polémica que resultara, tocaba temas relacionados directamente con la reflexión filosófica, queda por completo suprimida. La Ética obligatoria de cuarto de ESO pasa a convertirse, como era hace unas décadas, en la alternativa al estudio de Religión católica de forma confesional, una asignatura impartida por docentes impuestos desde el obispado. El resultado en secundaria es que un alumno puede perfectamente titular con una media de sobresaliente sin haber escuchado jamás hablar de Platón o Aristóteles, y sin haberse enfrentado nunca a cuestiones de reflexión como los alcances del conocimiento, la ética o la libertad del individuo. Con la LOMCE en secundaria gana la Religión y pierde, por goleada, la Filosofía. La situación no mejora en bachillerato. Hasta a aprobación de la LOMCE, todos los alumnos, con independencia de su itinerario, tenían que cursar una Filosofía general en primer curso y una Historia de la Filosofía en segundo. Sólo en la prueba de acceso a la universidad, el alumno que hubiera aprobado todas las materias podía escoger no examinarse de Historia de la Filosofía y hacerlo de Historia de España. La LOMCE elimina la obligatoriedad de la Filosofía en los dos cursos, convirtiéndolas en optativas que, como ocurre con muchas otras, los centros no tendrán que ofertar si no lo consideran oportuno. Si grave era que un alumno titulara en secundaria sin tener la más mínima noción de Filosofía, el hecho de que alguien pueda acceder a una carrera universitaria sin haber dedicado ni un sólo segundo de su vida académica a esta temática es, sencillamente, un desastre con consecuencias impredecibles.

Al margen de la filosofía antigua, la que por temática más interesa a los redactores y lectores de Portal Clásico, la filosofía en general no es sólo una acumulación de datos acerca de las ideas que tuvieron determinados individuos en el pasado. Sin duda así es como entienden la materia nuestros legisladores, porque de lo contrario no se entiende el maltrato al que la están sometiendo. La Filosofía es un marco óptimo para que el alumnado aprenda a reflexionar por sí mismo, a formarse un juicio crítico del mundo que le rodea. Es una de las escasas oportunidades que el sistema académico tiene de hacer que nuestros jóvenes aprendan a ser verdaderamente libres. Cambiar Filosofía por Economía y Matemáticas es mutilar la formación de las futuras generaciones, potenciar su conversión en máquinas de generar plusvalía, en autómatas obedientes que jamás cuestionarán el mundo que les rodea porque nadie les dio las herramientas para hacerlo. Platón y Aristóteles no sólo nos dan pautas para entender el mundo; son un trampolín hacia las ideas que nos invitan a cambiarlo y hacerlo un sitio mejor.

Se han escuchado voces que apuntan a que la supresión de la Filosofía como materia obligatoria tiene como objetivo premeditado eliminar la capacidad de protesta de una sociedad a la que se pretende convertir en rebaño. Se ha dicho que lo que subyace en esta maniobra es un intento de potenciar la Historia de España, una historia cuyos contenidos estarán, por supuesto, marcados desde el gobierno central y que estará destinada a formar nuestras muy hispanas conciencias en el conocimiento de la grandeza de nuestro país. Yo no puedo creer que ningún legislador, por muy conservador que sea, pueda pretender dar este golpe educativo al país al que dice servir. No puedo creer que un ley que se dice de mejora de la calidad de la enseñanza sea la primera palada en la excavación de la tumba de nuestras conciencias. Sin embargo, si no se pone coto a esta situación, si la Filosofía acaba desapareciendo en aras de un disimulado y revivido Formación del Espíritu Nacional, tendremos que empezar a creer de verdad que detrás de la LOMCE no sólo no hay un intento de mejorar la calidad de la enseñanza, sino que lo que se esconde tras este proyecto es terminar de convertir a los futuros españoles en asalariados sin voz ni criterio, españoles a los que hoy se les quita la capacidad de pensar y mañana se les quitará la opinión, el voto y, finalmente, la libertad.

José Ignacio Wert, ministro de educación y cultura


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