Imagen
Tal y como informamos en Portal Clásico, la pasada semana saltó a los portadas una impactante noticia: el cáliz utilizado por Jesucristo en la Última Cena se encontraba en San Isidoro de León desde tiempos del rey Fernando I. Los periodistas que redactaron la noticia no sólo afirmaban esto sino que añadían una serie de supuestas pruebas centíficas que decían demostrar la autenticidad del cáliz. Ante el impacto que causó esta sorprendente revelación, los autores de la investigación, los historioadores Margarita Torres-Sevilla y José Miguel Ortega, han tenido que salir al paso de las críticas y las dudas que sus conclusiones despertaron a raíz de la noticia para matizar muchos de los datos ofrecidos por la prensa. Como muchos suponíamos, su investigación no concluía que el llamado Cáliz de Doña Urraca fuera el que utilizó Cristo al instaurar la eucaristía, sino simplemente que esta pieza está compuesta por un pequeño cuenco que los cristianos del siglo V d.C. de Jerusalén consideraban como el Santo Grial. Es decir, que es una pieza de gran antigüedad e importancia para los orígenes del Cristianismo, pero que nunca estuvo en manos de Jesús. Los autores sí han insistido en la veracidad histórica del relato que han podido reconstruir acerca de cómo este objeto llegó desde la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén a la ciudad de León, pasando por El Cairo y Denia. Lo que han negado de forma categórica es que sobre el objeto se haya realizado la prueba del carbono catorce, un análisis que, como ya dijismo en Portal Clásico, sólo puede realizarse en objetos de origen orgánico y que, debido al margen de error que ofrece en sus resultados, no sirve para datar fechas de época histórica. Sin embargo, pese a negar que el Cáliz de Urraca fuera la copa original de Cristo, José Miguel Ortega ha declarado que no resultaría extraño que el Grial fuera una pieza de estas características, adornada con todo tipo de piedras preciosas, pues la cena se celebró en casa de José de Arimatea, un judío muy rico al que, por lógica le correspondía poseer una vajilla acorde con su estatus social. Queda abierta, por tanto, la puerta a la posibilidad de que los primeros cristianos tuvieran razón al considerar esta pieza como el auténtico Santo Grial.
Aunque no pueda achacarse a los historiadores el trato sensacionalista que la prensa ha dado a los resultados de su investigación, no hay duda de que el eco mediático que se ha logrado con la difusión de una serie de mentiras y exageraciones ha contribuido en gran medida a aumentar las expectativas ante la inminente publicación de su libro "Los reyes del grial". Una campaña de publicidad, sin duda involuntaria, que ha puesto en peligro la credibilidad de estos dos historiadores, así como de otros muchos que trabajan en campos semejantes. Una vez más estamos ante un ejercicio de sensacionalismo realizado por una prensa irresponsable a la que importa más aumentar el número de lectores que respetar la ética de su profesión.
Fuente: ILeón