Los romanos y sus parásitos intestinales

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Nico | Noticia | 12/01/2016 - 22:29Comenta

Letrina romanaA pesar de ser una de las culturas con uno de los mejores sistemas sanitarios (baños, cloacas, acueductos y letrinas), no evitaron la infección por parásitos intestinales; es más, recientes estudios señalan que en ocasiones la civilización romana ayudó a la expansión de ciertos patógenos.

Piers Mitchell, paleontólogo y antropólogo de la Universidad de Cambridge, ha dedicado los últimos años a medir en diferentes yacimientos arqueológicos, Pompeya o Roma entre otros, el nivel de endoparásitos (parásitos que viven dentro del huésped como la malaria o la tenia) y de ectoparásitos (aquellos que viven fuera como los piojos o las ladillas). Mitchell ha basado su estudio en el número de huevos de endoparásitos que se encuentran en los restos de heces fosilizadas, porque pueden perdurar durante miles de años debido al material del que están hechos sus caparazones, la quitina. El número de huevos por centímetro cuadrado de heces demuestra el nivel de parasitismo de una época de la historia. El resultado de las investigaciones es sorprendente, ya que el número de huevos por centímetro cuadrado durante la época romana no es menor que en el Neolítico o en las Edades de Bronce y de Hierro. “No hay un descenso de parásitos con los romanos. Y esto vale tanto para los gusanos intestinales como para los ectoparásitos” asegura Mitchell, quien añade que “aunque era de esperar que las distintas tecnologías sanitarias romanas, como las letrinas públicas, el agua limpia de los acueductos o los baños públicos mejoraran la salud intestinal de la población reduciendo los parásitos, las evidencias arqueológicas no lo demuestran”.

Piers Mitchell ha catalogado los endoparásitos que más se daban entre la población romana. El primer lugar lo ocupa el tricocéfalo, un gusano que se alimenta de sangre y que provoca en el huésped anemia y diarreas con sangre. El segundo es para las lombrices intestinales. Los parásitos de los dos casos se transmiten por la contaminación fecal de los alimentos y la ingesta de sus huevos. No lavarse las manos antes de comer o utilizar las heces humanas como abono pueden ser las causas más comunes. El último puesto es para la tenia de los peces, una lombriz, la más larga de este tipo de enfermedades, que produce anemia. Se transmite por comer pescado en mal estado. La famosa salsa garum pudo ser uno de los principales focos de cultivo de este parásito. Se hacía con las vísceras de pescado fermentadas al sol, lo que podría haber contribuido a la expansión de la tenia del pescado por todo el Imperio.

A pesar de que los romanos conocían la existencia de ciertos parásitos intestinales, Plinio el Vejo ya nos habla de lombrices, larvas y remedios para combatirlas; no podían entender estas enfermedades como lo hacemos nosotros ahora. Con todo, Mitchell declara que “los retretes venían bien para evitar que la gente tuviera que dejar la ciudad para ir a casa a hacer sus necesidades, los baños públicos debieron hacer que la gente oliera mejor y los acueductos minimizarían el riesgo de quedarse sin agua. Pero ninguna de estas cosas parece haber reducido el riesgo de infectarse con algún parásito”.

Fuente: El País
Foto de portada: www.agorahistoria.com
Foto de cuerpo: www.catedu.es

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