Madres romanas. El poder en la sombra

Luis Manuel López | Artículo | 26/04/2015 - 13:18Comenta

Cornelia, madre de los Graco, junto a sus hijosSer madre de un aristócrata romano nunca fue tarea sencilla. La mujer romana, aunque en una situación de clara discriminación respecto al hombre en todos los aspectos, era en el interior del hogar la responsable de que, en ausencia del marido, las cosas marcharan de acuerdo con la rectitud de costumbres que marcaba la moral romana. Las obligaciones en el ejército o como gobernadores y otros cargos en las provincias, así como las numerosas legaciones y misiones diplomáticas, hacían que la ausencia masculina fuera muy frecuente en las domi señoriales de la Roma republicana. Los niños, en consecuencia, eran educados hasta una edad avanzada bajo la directa supervisión de sus madres. No debe extrañarnos por tanto la fuerte influencia que las madres jugaron en la carrera política de sus hijos.

La madre romana por antonomasia, aquella que llegó a convertirse en un icono de la matrona virtuosa, fue Cornelia, madre de los hermanos Graco. Hija del gran Escipión el Africano y casada con uno de los aristócratas más poderosos de su época, Cornelia fue siempre consciente de su gran responsabilidad de cara a Roma y de cara al honor de su familia. Cuando su esposo murió, asumió ella misma la función de señora de la casa y guardiana de la virtud en el hogar. Pese a que recibió ofertas de matrimonio de hombres tan ilustres como el mismísimo faraón de Egipto, Cornelia las rechazó todas. Desde la muerte de su esposo, se consagró a ser una buena madre para sus dos hijos varones, Tiberio y Cayo, y para su hija Sempronia. La supervisión de la educación de Tiberio y Cayo por parte de su madre fue, según las fuentes, constante, de modo que llegó a desarrollar sobre ellos una enorme influencia. Hay quien cree que fueron los constantes reproches de Cornelia los que llevaron a ambos hermanos a iniciar una carrera política tan ambiciosa como arriesgada, que acabaría con ambos asesinados. Dado que su hija Sempronia estaba casada con el célebre Escipión Emiliano, uno de sus reproches favoritos era el hecho de que se la conociera más como “la suegra de Escipión” que como “la madre de los Graco”. Cuando su hijo Tiberio fue asesinado, Cornelia supo encender en Cayo el deseo de venganza, lo que llevó a éste a seguir los pasos de su hermano con un programa mucho más ambicioso que despertó las iras de la aristocracia y culminó con su muerte. Cornelia tuvo un espíritu indomable en un tiempo en el que las mujeres sólo podían realizarse a través de sus hijos, y fue posiblemente esto lo que la llevó a ejercer una influencia tan crucial en sus vástagos. Cumplió su objetivo en parte, pues la Historia la recuerda como la “madre de los Graco” y no como la “suegra de Escipión”, pero pagó un precio muy elevado. Conoció la muerte de todos sus hijos varones y los dioses no le otorgaron el consuelo de un nieto, por lo que su estirpe quedó extinguida con su muerte.

Otra madre romana que ejerció un papel fundamental en la carrera de sus hijos fue Aurelia, la madre de Julio César. Aunque no sabemos mucho de ella, tuvo que ser sin duda una mujer excepcional. Su esposo murió siendo ella muy joven, dejándola en una situación económica no especialmente buena y con un hijo y dos hijas que sacar adelante. Todas las fuentes ponen de relieve la amplia cultura de Aurelia, una característica que supo transmitir a su hijo. El joven César recibió una esmerada educación supervisada por su madre. Aurelia hizo más que eso, pues se dice que fue por intermediación suya por lo que el dictador Sila perdonó la vida a César, que ya de joven destacaba entre losBusto de Livia Drusila miembros del partido popular. César le guardó siempre un gran respeto a su madre, a la que la muerte no permitió llegar a ver a su hijo convertido en señor de Roma.

No puede haber un artículo acerca de las madres romanas que no mencione a Livia Drusilia, una de las mentes femeninas más brillantes que ha conocido la Historia. Casada en segundas nupcias con Octavio, el futuro Augusto, Livia aportó al matrimonio dos hijos engendrados con su anterior esposo: Druso y Tiberio. El gran objetivo de Livia fue siempre ver a sus hijos encumbrados en lo más alto de la administración imperial, es decir, verlos convertidos en los sucesores legales de Augusto. La muerte de Druso siendo aún joven, puso todas las expectativas de Livia en su otro hijo, el taciturno y severo Tiberio. Éste no compartía las ansias de gloria de su madre, por lo que, ante su permanente acoso, decidió exiliarse un tiempo de Roma para sustraerse de las maquinaciones de la corte de imperial. Poco le duró la paz a Tiberio, pues Augusto le hizo llamar para casarle con su propia hija, Julia, un matrimonio desgraciado como pocos en su época. Livia supo allanar el terreno para que Tiberio alcanzara la soñada púrpura, llegando incluso, si hacemos caso de las habladurías de los autores antiguos, a mandar asesinar a todos sus rivales. De este modo, cuando Augusto murió, Tiberio fue nombrado princeps por el Senado. La fuerza y el tesón de una madre habían determinado los destinos de todo un Imperio.


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