Las inmediaciones del Muro de Adriano, la enorme fortificación que protegía la provincia romana de Britania de las posibles incursiones de pueblos no romanizados del norte de las islas, ha sido durante siglos una fuente constante de hallazgos de interés para los arqueólogos. Las especiales condiciones climáticas y edafológicas de la región hacen que objetos que en otras partes del Imperio se habrían perdido de forma irremediable hayan sobrevivido aquí enterradas y en relativo buen estado de conservación a lo largo de casi dos milenios.
El último hallazgo de interés que se ha realizado en esta región de Inglaterra y que ha saltado a los medios de comunicación ha sido un zapato de cuero, muy corroído por el paso el tiempo. La conservación del cuero de época romana está limitada, como hemos dicho, a zonas con condiciones muy específicas, como Egipto o el norte de Inglaterra, pero este zapato en concreto ha llamado la atención por un elemento más: su enorme tamaño.
La pieza en cuestión mide alrededor de 32 centímetros, lo cual, si lo llevamos a las tallas actuales de zapatos nos daría nada menos que un 48, un pie muy poco habitual que solo aquellos hombres con una altura excepcional llegan a calzar.
El enorme zapato ha sido encontrado en el fuerte Magna (o Carvorán), a algo más de 10 kilómetros del célebre Vindolanda, en concreto dentro de una zanja estrecha que se empleaba para que los enemigos se tropezaran o incluso se lesionaran gravemente al atacar las fortificaciones. Junto con esta pieza excepcional, han aparecido restos de zapatos de tamaño más convencional, lo que en conjunto dará a los arqueólogos la posibilidad de conocer más acerca de la fabricación de estas prendas en un contexto militar en tiempos del Imperio.
El zapato de 32 centímetros es desde luego uno de los más grandes encontrados en un yacimiento romano, si no el más grande. En el estado actual de la investigación resulta imposible precisar mucho más, pero es evidente que este objeto tuvo que pertenecer a un hombre extraordinariamente alto, sobre todo si tenemos en cuenta que la talla media de los romanos era inferior a la actual. El posesor de esta zapato tuvo que ser considerado por sus contemporáneos un auténtico gigante.
Fuente dela imagen: Vindolanda Trust