Roma Oscura

Recortar en Historia del Arte y otras formas de hundir Italia

Luis Manuel López | Artículo | 7/02/2014 - 11:42Comenta

Vista del Duomo de FlorenciaEn ocasiones, cuando se visita un museo de Arte Contemporáneo, observar las reacciones y comentarios de una parte del público resulta tan interesante como deleitarse con los cuadros. Siempre se encuentra a alguien que, ante una obra abstracta o no figurativa, hace el tan manido comentario de “eso lo hace un niño de cinco años”. Sin entrar en la polémica del valor de determinadas obras de arte de los siglos XX y XXI, es evidente que lo que subyace detrás de la mayoría de estos comentarios es un profundo desconocimiento de la Historia de Arte. Un desconocimiento que es la lógica consecuencia del abandono y el maltrato que sufren las disciplinas artísticas en general a lo largo del curriculum educativo de nuestro país. En España, la Historia del Arte es un contenido trasversal de la materia de Ciencias Sociales de secundaria. Se supone que cada tema va acompañado de una serie de nociones acerca del periodo artístico correspondiente, pero, en la práctica, el abordar o no esta parte del temario depende de forma exclusiva de cada docente, siendo muchos los que, ante un programa imposible de abarcar en un curso de forma adecuada, potencian los contenidos de Historia y Geografía y dejan de lado la Historia del Arte. En Bachillerato, la Historia del Arte es una materia optativa de los itinerarios de letras, optativa que en muchos centros no llega ni a ofertarse y que, tras la prevista desaparición del itinerario artístico, queda herida de muerte. El resultado son generaciones y generaciones de españoles que no conocen nada o casi nada de su patrimonio artístico, pese a que éste es uno de los más ricos del mundo. Con este panorama en el mundo académico, ¿cómo sorprendernos de que los museos estén vacios de visitantes nacionales? ¿Cómo escandalizarnos ante la pasividad general despertada por los recortes en protección patrimonial? Tenemos lo que cultivamos, ni más ni menos.

Si el problema se limitara a España, estaríamos ante una de tantas tragedias nacionales que podríamos lamentar en la intimidad de nuestras fronteras. Sin embargo, el desprecio sistemático hacia el patrimonio se está extendiendo en la mayoría de los países de Europa. La política actual apuesta por salvar bancos y grandes empresas, nunca museos. Dentro de estos países, el caso de Italia resulta paradigmático por diversos motivos. La relación de este país con el patrimonio artístico ha sido tradicionalmente de profundo respeto. No es que Italia y los italianos respetaran su arte; es que Italia era su arte. En el país de Caravaggio, Rafael y Leonardo, una gran parte de la vida gira en torno a su patrimonio artístico, el más rico del mundo sólo seguido de cerca por España. El porcentaje del PIB de Italia que aporta el turismo es una pieza fundamental para su economía, especialmente para las regiones del sur industrialmente deprimidas. Y el turismo en Italia no es, como en España, sinónimo de sol y playa. Es sinónimo de arte.

Pasarela de MilánEn Italia, patrimonio artístico significa dinero. Una idea ésta que no deben de tener muy clara los actuales legisladores italianos, habida cuenta de las decisiones que se están tomando en los últimos años. El último proyecto de ley de reforma educativa pretendía eliminar por completo los estudios de Historia del Arte de los programas educativos de secundaria. Esta polémica medida ha sido debatida en el Congreso y, tras muchos meses de enfrentamiento entre partidarios y detractores, todo apunta a que será aprobada con matices. La Historia del Arte se elimina de todos los liceos con excepción de los artísticos, e incluso en estos se suprime todo lo relativo a la restauración y la conservación del patrimonio, materias que, por mucho que a los españoles nos sorprenda, eran obligatorias hasta la reforma. Si este proyecto se consolida, los italianos podrán acceder a titulaciones como Turismo o Diseño sin haber estudiado absolutamente nada de arte y patrimonio en sus vidas. ¿Alguien concibe mayor carencia para un estudiante de Turismo en Italia que no tener una sólida base en Historia del Arte?

Los argumentos que el gobierno italiano ha presentado para defender esta medida son, por desgracia, sobradamente conocidos por los ciudadanos de muchos países. No hay dinero para sostener estas asignaturas y pagar el sueldo de los docentes. Sí lo hay para rescatar bancos, pero no para pagar profesores. En otros países, esta política puede ser calificada de errónea; en Italia es, sencillamente, un suicidio. Un país que depende del turismo internacional y cuyo principal atractivo es su patrimonio artístico, no puede permitirse no tener una sólida base de ciudadanos que estén formados para gestionar este sector. Italia no puede competir con otros países en cuestiones como playas, deportes o gastronomía con la misma ventaja con la que lo hace en el sector del arte. Lo que busca el turista que llega a Italia es la Capilla Sixtina, el Arqueológico de Nápoles y el Duomo de Florencia. Sin personas que puedan cuidar este patrimonio, restaurarlo, hacerlo atractivo, venderlo al visitante y, sobre todo, respetarlo, este sector turístico se hundirá de forma irremisible. Porque en Italia, el arte no es sólo lo que han heredado del pasado, el arte es algo vivo, algo que se mueve en las pasarelas de Milán, que se gestiona en los departamentos de diseño de todas las grandes empresas. El arte no es sólo historia; en Italia, el arte es moda, es diseño, es belleza, son todos los productos que dan sentido a su esencia.

Detalle de la Piedad de Miguel ÁngelLa formación artística no es, por otro lado, sólo una cuestión de profesionales preparados, la cuestión va más allá. Si la población de Italia no conoce su propia riqueza artística, el patrimonio, por simple inercia, se perderá. Los visitantes de fuera no pueden sostener nada que los autóctonos no quieran conservar. Los italianos deben aprender desde niños a respetar la riqueza artística de su país, no a verla como un adorno del que se puede prescindir en tiempo de crisis.

Italia es, en definitiva, un país que, merced a la política neoliberal, ha decidido suicidarse a largo plazo para salvar sus cifras con carácter inmediato. Sin duda, la deuda italiana bajará al suprimirse las partidas destinadas al Arte. El gobierno maquillará su propia miseria y continuará engañando a sus ciudadanos. Pero, dentro de diez, de veinte años tal vez, se pagarán las consecuencias de esta decisión. Puede que incluso no haya que poner la mirada en un futuro tan lejano. Basta con echar un vistazo a la situación actual de Pompeya para darse cuenta de que Italia tiene un serio problema en la relación que mantiene con su patrimonio artístico. Un problema que, desde luego, no va a solucionarse recortando el presupuesto dedicado a la conservación ni eliminando la Historia del Arte del programa de estudios.


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