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El Ayuntamiento de Roma ha iniciado la pasada semana una campaña para mejorar su imagen de cara a la llegada de turistas en el año 2016. Este año, muy importante debido a la celebración de Jubileo, pretende batir récords en lo que a cifras de turistas acogidos se refiere, motivo por el cual los responsables de Cultura y Turismo han decidido poner férreas medidas para eliminar los elementos más molestos para los visitantes. Los primeros en sufrir las consecuencias de este nueva actitud han sido los legionarios y centuriones romanos que pululaban por las zonas céntricas a la espera de hacerse una foto con los turistas. A partir de ahora, su actividad queda prohibida por ley. El argumento que han presentado desde el gobierno municipal es que estos supuestos actores no siempre actúan con toda la delicadeza que debieran, llegando en ocasiones a comportarse más como estafadores y delincuentes que como una atracción turística. Muchos de ellos llegaban a utilizar la violencia verbal y la amenaza física si el turista en cuestión se negaba a pagar por la fotografía la cantidad que ellos exigían.
La segunda actividad que ha quedado desterrada de las calles del centro de Roma es el alquiler de triciclos, un cómodo y ecológico medio de transporte que ha proliferado en los últimos años en la capital de Italia. El consistorio ha decidido que su costumbre de circular sobre las aceras y el hecho de que para conducirlos no haya que tener ningún permiso especial causan más problemas que beneficios a la ciudad.
Del mismo modo, para evitar estafas, tanto fiscales como a los propios turistas, la venta de entradas y billetes para los principales monumentos que no se realice en las taquillas correspondientes será perseguida con especial dureza, contemplándose duras penas económicas para aquellos que incumplan la normativa.
Aunque el Ayuntamiento ha relacionado estas medidas con una simple mejora de la calidad en la experiencia que Roma ofrece a los turistas, cabe preguntarse si este endurecimiento de las actividades alegales en las calles de la ciudad no es en realidad una continuación de los planes de aumento de la seguridad ante la amenaza terrorista anunciadas la pasada semana. En este caso, sin embargo, la mayor parte de la prensa se ha mostrado muy escéptica respecto a las posibilidades reales que el Ayuntamiento tiene de erradicar estas prácticas. Los vendedores ambulantes, los actores disfrazados a la caza del turista ingenuo y los simples trileros y estafadores han proliferado durante décadas en Roma, creando su propia red laboral al margen de la ley. El gobierno municipal tendrá que trabajar muy duro e invertir grandes cantidades de dinero si pretende acabar con una actividad tan arraigada en Roma.
Fuente: ABC