Una nueva hipótesis sobre el cuerpo de Filipo II de Macedonia

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La identificación del cuerpo del rey Filipo II de Macedonia se ha convertido en uno de los asuntos más controvertidos en la tradición arqueológica de los últimos años. La aparición del complejo de tumbas reales junto a la ciudad de Vergina en los años setenta motivó que diversos especialistas se lanzaran a tratar de identificar los restos del monarca entre los varios allí conservados, comenzando, como era lógico, por los situados en las zonas más nobles que, cabría suponer, estaban destinadas al enterramiento del soberano. La mayoría de los antropólogos y arqueólogos apoyaron la hipótesis de que el cuerpo de Filipo era el que se encontraba en la llamada Tumba II, junto al de una mujer que fue identificada como Cleopatra, la segunda mujer del rey después de repudiar a Olimpia, madre de Alejandro Magno. Otro grupo de arqueólogos consideraban, sin embargo, que estos dos cuerpos correspondían en realidad a Filipo III Arrideo y su esposa Eurídice, que gobernaron Macedonia en los convulsos tiempos que siguieron a la muerte de Alejandro. Para este segundo grupo, el cuerpo de Filipo II sencillamente se habría perdido.

Pintura del rapto de Perséfone en el interior de la Tuma IMientras tanto, todo el mundo había descartado la posibilidad de que Filipo se encontrara en otra de las tumbas del complejo, en concreto en la Tumba I. Este enterramiento, en cuyo interior se conservó una bella pintura con el tema del rapto de Perséfone, presentaba una gran cantidad de restos conservados de forma desigual, lo que dificultaba su clasificación. La arqueóloga Maria Liston, de la Universidad de Waterloo, decidió, sin embargo, analizar los restos de esta tumba en busca de alguna novedad que aclarara luz sobre el asunto. Su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró con que había datos suficientes para defender que el cuerpo del hombre allí enterrado podía ser el rey Filipo con más visos de verosimilitud que el enterrado en la Tumba II. El esqueleto estudiado por la doctora Liston perteneció a un hombre de gran tamaño que, y ésta es la clave sobre la que asienta su hipótesis, presentaba una lesión en una rodilla. Las fuentes literarias informan de que Filipo fue herido en una rodilla, una lesión que le obligó a cojear el resto de su vida, por lo que el hombre de la Tumba II podría identificarse con el padre de Alejandro. La doctora Liston va incluso más allá, y llega a firmar que fue precisamente esta cojera lo que hizo de Filipo una víctima fácil para sus asesinos debido a su reducida movilidad.

La reacción de otros arqueólogos no se ha hecho esperar. Muchos han atacado esta nueva hipótesis como inviable por muy diversos motivos, entre los que cabe destacar la poco fiabilidad de los restos óseos encontrados en la Tumba I, mucho peor conservados que los del resto del complejo. por otro lado, se afirma que las fuentes literarias rara vez son precisas acerca de las dolencias médicas y las lesiones, por lo que es muy arriesgado basar una hipótesis en un dato tan controvertido. para la doctora Liston, el hecho de que el yacimiento de Vergina esté completamente focalizado hacia la exhibición de la supuesta tumba de Filipo en la Tumba II o que la UNESCO ya haya incluido este monumento en sus listas de patrimonio son los verdaderos motivos de la resistencia de sus colegas a abrir una nueva línea de investigación. El antropólogo español, Juan Luis Arsuaga, que ha colaborado con el equipo de la doctora Liston, se ha mostrado más cauto ante las críticas suscitadas por su artículo, afirmando que está abierto al debate acerca de los restos de la Tumba I y su identificación.

Fuente: Live Sciencie

Entrada de una de las tumbas reales de Vergina

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