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El friso principal del Partenón ha sido considerado durante siglos como una de las máximas expresiones de la escultura griega de época clásica y una de las más altas cimas del arte de todos los tiempos. De forma tradicional se ha interpretado como una representación de la festividad de las Panateneas, la más importante de la Atenas de Pericles, una celebración en la cual participaban de un modo u otro todos los habitantes de la ciudad, lográndose con ello una mayor cohesión de la comunidad. Al ser la Atenas de Pericles el paradigma perfecto de la democracia en la Antigüedad y el ejemplo que siguieron los modernos para establecer los regímenes democráticos contemporáneos, el friso de las Panateneas se ha convertido de algún modo en símbolo de la libertad de los pueblos y la lucha contra la tiranía. Sin embargo, esta visión tan idealizada no es compartida por la profesora Joan Breton Connelly, de la Universidad de Nueva York, que ha publicado recientemente una monografía con el sugerente título de "The Parthenon Enigma". Para esta investigadora, lo que muestra este friso sería en realidad un sacrificio humano que recrearía un momento de la historia del rey Erecteo, uno de los míticos fundadores de la ciudad de Atenas. Para llegar a esta conclusión, la doctora Connelly se basa en una obra perdida de Eurípides en la que se cuenta cómo este rey tuvo que sacrificar a una de sus hijas tras consultar al oráculo de Delfos. Según esta interpretación, una de las más célebres piezas, la que muestra a dos personajes sosteniendo un manto, no sería la representación del vestido sagrado ofrecido a la diosa Atenea, sino la mortaja funeraria de esta hija de Erecteo.
Esta polémica interpretación va acompañada por una llamada por parte de la autora a todos los investigadores para que exijan la devolución de todas las esculturas antiguas extraídas de sus lugares originales para adornar los museos de toda Europa. Para Connelly, estas esculturas no pueden ser tratadas como obras de arte independientes, sino que forman parte de un proyecto iconográfico más complejo que queda, al ser estas trasladadas a otro lugar, mutilado y destruido, con la consiguiente dificultad de interpretación que conlleva para el investigador.
Fuente: The Washington Post