Dos ánforas únicas en los pecios de Begur

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Fondo marino de BegurEn los últimos años, la localidad gerundense de Begur, en el Bajo Ampurdán, se ha convertido en un referente para los arqueólogos subacuáticos de todo el mundo. Tal y como informábamos en Portal Clásico hace unos meses, el ayuntamiento de Begur, en colaboración con el Centro de Arqueología Subacuática de Catalunya (CASC) ha apostado por hacer de la arqueología marina uno de los puntales de su atractivo turístico, aprovechando la gran riqueza patrimonial de sus fondos submarinos. En efecto, el litoral de Begur es excepcionalmente rico en hallazgos arqueológicos debido a la gran cantidad de barcosque se hundieron frente a sus costas en época romana y medieval, barcos que realizaban las rutas comerciales entre Hispania, la Galia e Italia, cargados de mercancías. Hasta el momento, se han documentado cinco embarcaciones hundidas en este punto, tres de ellas de época romana. Para hacer posible la combinación del turismo y la protección del patrimonio, el CASC dispuso frente a la costa una gran cantidad de copias de las piezas originales encontradas en los yacimientos, de forma que los bañistas y beceadores, profesionales y aficionados, pudieran disfrutar de la experiencia de la arqueología subacuática por un día.

Pero en Begur, la arqueología subacuática no es sólo una pieza del motor turístico, sino que desarrolla una intensa labor de excavación e investigación de nuevos yacimientos. En la última campaña, han sido muchas las piezas interesantes rescatadas de los pecios hundidos frente a este rico litoral. Tras excavar dos pecios, los llamados Aiguablava V y Aiguablava I, los trabajos del año 2014 se han centrado en el barco conocido como Aiguablava VI, una embarcacion del siglo II d.C. que se cree que fue hundida por una violenta tempestad a la cual no pudo hacer frente. El cargamento de este barco, tal y como han documentado los arqueólogos, era muy heterogéneo, e incluía aceites de la Bética, productos en salazón, vino e incluso materiales de construcción. De todas las piezas recuperadas del Aiguablava VI, las más interesantes son dos ánforas que llevan en el exterior una indicación de su contenido, algo extremadamente raro en los envases romanos de este tipo. En concreto, estas ánforas corresponden a la tipología Dressel 20 parva, un modelo que, pese a haber sido encuentrado en diversos puntos del Mediterráneo, aún suscitaba muchas dudas en cuanto a los productos que podía contener. Las ánforas del Aiguablava VI nos saca de dudas, pues una inscripción en tinta negra en una de ellas nos informa de que contenía oleum dulce, mientras la segunda lleva el más escueto OD. Esta información permitirá a los especialistas conocer mejor las rutas comerciales del Mediterráneo occidental, así como el tipo de productos que se exportaban desde Hispania a otras zonas del Imperio.

Aunque estos dos anforas han acaparado la atención de todos los medios, el Aiguablava VI ha ofrecido a los arqueólogos otros hallazgos igualmente interesantes, como una hermosa copa de cristal tallado, un anillo de sellado que presumiblemente perteneció al capitán de la nave, o un cesto en buen estado de conservación y que posiblemente se utilizaba para achicar agua desde la cubierta.

Fuente: El País

Copa de cristal hallada en el Aiguablava VI

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