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Nacho Ataz
| Dom, 1 Mar 2015 - 12:59
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El que hace más de un año actuara en Mérida bajo la dirección de Paco Azorín, Mario Gas, que colaborara con la plantilla que debía dar vida a Julio César y se enfrentara al ministro de Educación, se encuentra inmerso en la preparación de una pieza dramática que recorre los últimos episodios de la vida del filósofo ateniense: su juicio y su condena, en la que, esta vez, participará como director. Será estrenada bajo el nombre de Sócrates, en el Festival de Teatro de Mérida, cuyo pistoletazo de salida tendrá lugar el día 1 de julio, y será protagonizada por Josep María Pou. Posteriormente, será el Teatro Romea de Barcelona el que reciba la obra del director uruguayo y la presente ante sus butacas en una temporada que ---según opina Daniel Martínez, el Presidente del Grupo Focus que gestiona dicha sala---, si sigue la ligera y timidísima mejoría del ámbito teatral español, a pesar de los estragos del ya no tan nuevo valor del IVA cultural, promete ser bastante provechosa.
Como es común y necesario en la fábula clásica, la historia de Sócrates encontrará en las tablas de la segunda década del s.XXI una actualización instantánea; vuelve un viejo referente a contarnos el mismo significado de siempre traspuesto al año 2015. Hoy veremos en el juicio una perspectiva desconsiderada y despótica; en la condena, el cumplimiento de una ley apropiada al gobernante y promulgada muy oportunamente; y en la decisión de Sócrates, una apología de la congruencia, la honestidad y el conocimiento de los fundamentos de la verdadera democracia, y con ello podremos también asistir, tal vez, a la destrucción por parte del propio sistema, de uno de sus elementos sustentantes.
Fuente: El Periódico de Extremadura
Como es común y necesario en la fábula clásica, la historia de Sócrates encontrará en las tablas de la segunda década del s.XXI una actualización instantánea; vuelve un viejo referente a contarnos el mismo significado de siempre traspuesto al año 2015. Hoy veremos en el juicio una perspectiva desconsiderada y despótica; en la condena, el cumplimiento de una ley apropiada al gobernante y promulgada muy oportunamente; y en la decisión de Sócrates, una apología de la congruencia, la honestidad y el conocimiento de los fundamentos de la verdadera democracia, y con ello podremos también asistir, tal vez, a la destrucción por parte del propio sistema, de uno de sus elementos sustentantes.
Fuente: El Periódico de Extremadura