Un equipo de arqueólogos turcos ha descubierto una inscripción griega en uno de los asientos del teatro romano de Apolonia del Ríndaco, un epígrafe que ha resultado contener el nombre de una importante sacerdotisa. La sacerdotisa en cuestión tenía de nombre Lonidos, y su nombre quedó inscrito en una de las gradas superiores del teatro, la conocida en latín como suma cavea, lo que indica que posiblemente el asiento estaba reservado para ella.
El doctor Derya Sahin, responsable de las excavaciones, ha puesto de relieve la importancia de este hallazgo para resaltar el peso que las mujeres tenían en este tipo de comunidades helenísticas y romanas y el modo en el que los cargos religiosos servían para elevar socialmente a quienes los desempeñaban. Este tipo de asientos reservados tenían como objetivo no solo el que la persona en cuestión pudiera disfrutar de los espectáculos desde un lugar más cómodo, sino también que el resto del público los viera y fuera consciente de su prominencia social.
De este modo, el teatro de Apolonia pasa de ser una simple ruina a un documento que nos habla de la sociedad del lugar hace dos mil años. El monumento está en pleno proceso de restauración, algo que está permitiendo a los arqueólogos hacer nuevos hallazgos y saber mucho más acerca de este espacio emblemático para la vida cultural, pero también para la vida cultural y social de la Anatolia bajo control de Roma.
La ciudad de Apolonia aparece documentada en las fuentes como tal desde tiempos del rey Átalo II, y es probable que su nombre proceda precisamente de la madre de este rey helenístico, llamada Apolonis. Otras teorías apuntan sin embargo a una relación con el dios Apolo desde su misma fundación. Sus ciudadanos creían que la urbe había sido fundada por colonos de Mileto en una época tan antigua como el siglo VIII a.C., una antigüedad que los arqueólogos no han podido constatar con fuentes materiales.