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La ciudad de Filipos fue fundada por Filipo II, padre de Alejandro Magno, en un lugar estratégico que controlaba las rutas que partían desde Anfípolis al tiempo que dominaba una zona rica en minas de oro. Antes de la llegada de las tropas de Macedonia, Filipos era una pequeña comunidad de colonos que comenzaba a despuntar y que poco tiempo después de su fundación, se convirtió en uno de los enclaves más prósperos del reino ,punto de paso obligado para los comerciantes que se dirigían hacia Oriente. En tiempos del dominio romano, Filipos fue testigo de la principal batalla que enfrentó a los asesinos de Cayo Julio Cesar y a sus herederos, Marco Antonio y el joven Octaviano. Tras hacerse con el control de todo el Imperio, Augusto dignificó este escenario de su primera victoria otorgándole el estatuto de colonia con derecho itálico y asentando en ella a numerosos veteranos de sus legiones. En época imperial, Filipos llegó a ser capital de una de las provincias en la que fue dividida Macedonia, convirtiéndose además en una de las primeras ciudades en las que arraigó el cristianismo con fuerza, tal y como ha quedado reflejado en las fuentes. Con la Edad Media llegó una lenta decadencia hasta que la ciudad fue abandonada en el siglo XV, convirtiéndose en unas ruinas que los turcos utilizaron durante siglos como cantera.
Pese a los siglos de abandono que mediaron entre la desaparición de la ciudad y el comienzo de las primeras excavaciones arqueológicas, Filipos ha conservado de forma notable muchas de sus estructuras urbanísticas y monumentales. Este buen estado de conservación es lo que ha llevado a las autoridades griegas, encabezadas por el alcalde de la vecina ciudad de Kavala, a presentar este yacimiento arqueológico como candidato a engrosar el número de monumentos considerados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Para potenciar y dar a conocer la candidatura, numerosas figuras de la cultura griega, acompañados por políticos y empresarios, hicieron un acto público en el que se presentaban las virtudes de esta antigua ciudad, poniendo de relieve su representatividad del paso de la Grecia clásica, al mundo romano y al cristianismo del Bajo Imperio. Si la UNESCO decidiera aprobar la solicitud, Filipos se convertiría en el 18º monumento griego que entraría a formar parte de la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad, por lo que gozaría de una protección especial por parte de este organismo de las Naciones Unidas.
Fuente: Panorama Griego
