Las escritoras griegas olvidadas: poetisas griegas y filósofas de la Antigua Grecia más allá de Safo

Más allá de la escasa obra conservada de Safo de Lesbos, apenas ha llegado a nosotros el nombre o la obra de otras mujeres escritoras de la Grecia antigua. ¿Qué sabemos de ellas y qué parte de su obra podemos reconstruir?
Imagen
Safo de Lesbos imaginada por Simonet
Luis Manuel López | Lun, 22 Sep 2025 - 20:22
Comentar: 0

Cuando pensamos en la literatura griega antigua, nos vienen a la mente nombres como Homero, Sófocles, Platón y una larga lista de personajes que tienen todos ellos un elementos común: son hombres. Con excepción de Safo de Lesbos, las escritoras griegas son grandes desconocidas, entre el gran público y entre no pocos especialistas. Durante siglos, las voces femeninas han quedado sepultadas bajo el peso de una historia contada casi exclusivamente por hombres. Safo de Mitilene —a la que llamaban "la décima musa"— es prácticamente la única que ha logrado colarse en los libros de texto. Pero hubo muchas más, muchísimas más. Mujeres que escribieron, pensaron y crearon en un mundo que les ponía todas las trabas imaginables. 

¿Quién fue Safo de Mitilene y por qué es la poetisa griega más conocida?

La vida y obra de Safo en la isla de Lesbos

Imagen
Safo y Alceo imaginados por Alma Tadema

Safo nació alrededor del 630 a.C. en Mitilene, la capital de Lesbos, una isla que por entonces hervía de tensiones políticas. Es probable que estos conflictos la llevaran al exilio en Sicilia durante un tiempo. La imagen que tenemos de ella hoy —simplificada hasta el extremo— no le hace justicia. Era mucho más que una poetisa: educadora, quizás sacerdotisa vinculada a cultos femeninos, y desde luego una mujer con una personalidad arrolladora. Los textos antiguos nos cuentan que dirigía algo parecido a una academia donde las jóvenes aprendían poesía y literatura, pero donde también se preparaban para el matrimonio y la vida adulta. Los académicos alejandrinos recopilaron sus poemas en nueve libros —imagínate, unas 10.000 líneas de pura poesía, de lo que hoy apenas nos quedan 650 versos, muchos de ellos fragmentados. Es como intentar reconstruir una sinfonía con unas pocas notas sueltas. Esta pérdida masiva nos dice algo terrible sobre cómo la historia ha tratado las voces femeninas, incluso las más prestigiosas como la de Safo.

La presencia de la diosa Afrodita en la poesía de Safo

Afrodita, la diosa del amor no era para Safo una figura distante en el Olimpo, sino casi una amiga íntima, alguien con quien podía hablar de tú a tú. El "Himno a Afrodita" —uno de los poquísimos poemas completos que conservamos— nos muestra esta relación tan especial. Safo le habla a la diosa como a una amiga, solicitándole su asistencia en cuestiones amorosas. En vez de reverencia temerosa, familiaridad y complicidad. La diosa se hace presente en sus versos como una presencia cercana, casi familiar. Esta manera tan personal de acercarse a lo divino cambió para siempre la literatura griega. Los poemas nupciales de Safo, donde Afrodita aparece constantemente, nos hacen preguntarnos si acaso componía estas obras para bodas reales, invocando la protección divina sobre los nuevos matrimonios. Algunos académicos van más allá y sugieren que quizás Safo ejercía como sacerdotisa en algún culto dedicado a Afrodita. Las pruebas son escasas, pero la conexión entre ambas es tan profunda que no podemos descartarlo del todo. Lo que sí sabemos es que esta cercanía de la poetisa con la diosa revolucionó la manera de hacer poesía religiosa, dándole una subjetividad y calidez de las que antes carecía.

Imagen
Safo y sus discípulos, de Thomas Ralph Spence

El legado literario de Safo: fragmentos conservados y su impacto

Lo que nos queda de Safo son apenas fragmentos, como tesoros rescatados de un naufragio. Los hallamos citados por otros autores, o en papiros desenterrados de las arenas de Egipto. A pesar de esta transmisión tan precaria, su influencia ha sido tremenda. Ya Platón la elevaba al estatus de musa —el honor de ser la única mortal entre las nueve musas divinas—. Su invención métrica, el verso sáfico, se convirtió en modelo para poetas romanos como Catulo y Horacio, que la admiraban profundamente. Lo que más impresiona de los fragmentos conservados es esa intensidad emocional tan cruda. Safo describía las sensaciones físicas del amor con una precisión casi médica: el corazón que se acelera, las manos que tiemblan, el sudor frío... Son descripciones que han marcado la manera de hablar del amor durante más de dos mil años. Los alejandrinos la incluyeron en su canon de los nueve grandes poetas líricos, y era la única mujer. Esto nos dice dos cosas: primera, que su genio era innegable; segunda, que seguramente hubo otras voces femeninas que no tuvieron la misma suerte. Hoy, Safo se ha convertido en algo más que una poetisa antigua. Es un símbolo de la expresión femenina libre, un faro para quienes buscan recuperar las voces silenciadas de las mujeres a lo largo de la historia.

¿Qué otras mujeres escritoras destacaron en la Grecia del siglo VI a.C.?

Erina de Telos: la joven poetisa comparada con Homero

La historia de Erina es una de las más interesantes de cuantas conocemos de escritoras de la Antigüedad por su componente trágico. Nacida probablemente en el siglo IV a.C. en la pequeña isla de Telos (aunque hay quien dice que era de Rodas o incluso de Lesbos), murió con apenas diecinueve años. Con toda una vida por delante, y aun así dejó una obra tan potente que los críticos antiguos se atrevieron a compararla con Homero. Su poema épico "La Rueca" constaba de unos 300 hexámetros —el mismo metro que usaba Homero para contar las hazañas de Aquiles—, pero ella lo usó para hablar de cosas íntimas, femeninas, cotidianas. Era una provocación en toda regla: tomar el lenguaje de los héroes para hablar del mundo de las mujeres. Los pocos fragmentos que conservamos nos muestran a una joven devastada por la pérdida de su amiga Baucis, muerta poco después de casarse. Es desgarrador leer cómo transforma ese dolor personal en poesía épica, elevando la amistad femenina al mismo nivel que las grandes gestas heroicas. Los epigramas de la Antología Palatina no escatiman elogios: dicen que tenía el talento de Homero pero aplicado al mundo femenino. Algunos estudiosos actuales ven en "La Rueca" algo más: una crítica velada a las restricciones que sufrían las mujeres griegas. La rueca, ese instrumento tan doméstico, se convierte en metáfora del confinamiento femenino. 

Imagen
Safo imaginada por Charles Mengin

Telesila de Argos: entre la poesía y el heroísmo militar

Telesila de Argos es de esas mujeres que te hacen replantearte todo lo que creías saber sobre la Grecia antigua. Nacida en Argos en el siglo VI a.C., empezó su carrera literaria de manera peculiar: estaba enferma, consultó un oráculo, y este le dijo que se dedicara a las Musas. Así que eso hizo. Componía principalmente himnos religiosos para Artemisa y Apolo. Por desgracia, solo nos quedan dos fragmentos de toda su obra. Pero lo que convirtió a Telesila en leyenda no fue solo su poesía. Alrededor del 494 a.C., los espartanos invadieron Argos y derrotaron al ejército local en la batalla de Sepeia. La ciudad estaba perdida. ¿Qué hizo Telesila? Tomó las riendas de la situación como nadie esperaría de una poetisa. Organizó a las mujeres, a los ancianos, hasta a los esclavos, les dio armas y los puso a defender las murallas. Pausanias cuenta que los espartanos, al ver un ejército de mujeres, se encontraron en un dilema imposible: si ganaban, no habría gloria en vencer a mujeres; si perdían, la humillación sería insoportable, de modo que se retiraron. La ciudad celebró esta victoria durante siglos con el festival de la Hybristica, donde hombres y mujeres intercambiaban ropas para recordar aquel día en que los roles tradicionales salvaron a Argos. 

Corina de Tanagra: la rival de Píndaro

La historia de Corina de Tanagra está envuelta en misterio y controversia. Natural de Beocia y contemporánea del gran Píndaro (siglos VI-V a.C.), las fuentes antiguas nos cuentan algo extraordinario: competía regularmente con él en certámenes poéticos y lo derrotó nada menos que cinco veces. El mismo Píndaro que hoy consideramos el maestro absoluto de la lírica coral griega derrotado por una mujer en una cura de humildad que debió de ser un potente mensaje para todos sus contemporáneos. 

Corina escribía en dialecto beocio, el de su tierra, no en los dialectos literarios más prestigiosos. Fue una elección valiente que probablemente dificultó aun más la supervivencia de su obra. Los fragmentos que conservamos tratan sobre mitos locales de Beocia, esas historias que solo conocían en su región y que ella rescató del olvido. Plutarco nos cuenta una anécdota reveladora: cuando Píndaro era joven y abusaba de las referencias mitológicas, Corina le aconsejó que "hay que sembrar con la mano, no con el saco entero". La imagen es perfecta: no era solo su rival, era también su mentora, alguien con la autoridad moral y artística para aconsejar al futuro príncipe de los poetas. Durante el siglo XIX, algunos académicos intentaron negar su existencia o retrasar su datación varios siglos con el objetivo de separarla de la figura intocable de Píndaro. Pero los papiros del siglo XX confirmaron que al menos parte de su obra es genuinamente antigua. 

Imagen
Safo imaginada en un retrato moderno

¿Cuál fue el papel de Aspasia de Mileto en la vida intelectual del siglo V a.C.?

Aspasia como influyente en la filosofía y política ateniense

Aspasia de Mileto es, sin duda, una de las mujeres más extraordinarias del siglo V a.C.,  la época dorada de Atenas. Venía de Mileto, la ciudad que había dado al mundo a Tales y a los primeros filósofos, y llegó a Atenas como meteca —extranjera residente— en el momento justo. Su condición de forastera, irónicamente, le dio libertades que las atenienses de nacimiento no tenían. Mientras las esposas legítimas vivían prácticamente encerradas en el gineceo, Aspasia podía moverse, hablar, pensar en público. Estableció así lo que probablemente fue una escuela de retórica y filosofía, un espacio donde se reunían los intelectuales más brillantes de Atenas. Los diálogos socráticos la mencionan como experta en retórica y política, las dos disciplinas que hacían funcionar la democracia ateniense. Platón, en su diálogo "Menéxeno", sugiere que ella escribió el famoso discurso fúnebre de Pericles, ese texto que todavía hoy se estudia como ejemplo de oratoria política. ¿Era una broma de Platón? Tal vez, pero las bromas a veces esconden verdades incómodas. Jenofonte va más allá: presenta a Sócrates recomendando a Aspasia como maestra, diciendo que formaba mejores ciudadanos que cualquier sofista profesional. El mismo Sócrates, el padre de la filosofía occidental, reconociendo la superioridad pedagógica de una mujer. No conservamos ningún escrito directo de Aspasia —otra pérdida más en la larga lista de silencios femeninos—, pero su influencia fue tan grande que hasta sus enemigos tuvieron que reconocerla. Las comedias la ridiculizaban, sí, pero al hacerlo confirmaban su importancia. Nadie se molesta en satirizar a alguien irrelevante.

Imagen
Sócrates buscando a Pericles en casa de Aspasia, de Jean Leon Gerome