Los trabajadores del Museo del Louvre se plantan con un parón para exigir mejoras en el museo

El lunes 16 de junio los trabajadores del Louvre hicieron un parón de varias horas para exigir que se invierta en mejoras estructurales o se limite el número de visitantes
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Interior de la recepción del Museo del Louvre
Luis Manuel López | Mié, 18 Jun 2025 - 07:39
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La masificación del turismo es uno de los grandes retos a los que tienen que hacer frente numerosos países desde hace unas pocas décadas. Mientras hace un tiempo viajar era una actividad propia de las élites, la democratización de esta actividad y el acceso a ella de cada vez más capas de la población, algo esencialmente positivo, está teniendo una cara negativa: numerosos museos y espacios no pueden sostener tal afluencia de visitantes. 

Este es el caso del Museo del Louvre en París, una de las instituciones más importantes del mundo dedicadas al arte y su conservación. El Louvre conserva piezas artísticas de épocas muy variadas, y abarca desde la arqueología más remota hasta la pintura del siglo XIX. Su colección de obras maestras y de piezas emblemáticas atrae a millones de visitantes cada año y lo convierten en una de las instituciones más populares del planeta. 

Sin embargo, esta importancia no se corresponde con la atención que las autoridades francesas le brindan al museo, y los trabajadores del Louvre llevan tiempo reclamando mejoras en sus condiciones y en la financiación que recibe la institución. Han sido los trabajadores de recepción y vigilancia los primeros que se han plantado ante la situación y han puesto en jaque a los responsables con un parón en su actividad el pasado lunes 16 de junio. El resultado fue que el museo no pudo abrir sus puertas hasta pasadas las 14:30, momento en el cual se llegó a un acuerdo con los trabajadores y la actividad reanudó su marcha habitual. 

Esto, sin embargo, no soluciona el problema de fondo: el Louvre tiene una cantidad desmesurada de visitantes y los trabajadores no pueden hacer frente a esto. Parece ser que hace unos días la directora del Museo, Laurence des Cars, envió una carta confidencial a la ministra de Cultura Rachida Dati en la que detallaba los muchos problemas del edificio, desde goteras hasta riesgos para algunas obras para la mala conservación de las instalaciones. 

Las últimas reformas del edificio se hicieron en los años ochenta, momento en el que se construyó la polémica pirámide de cristal para que la entrada de los visitantes se hiciera de forma más organizada. Estas reformas, sin embargo, no han tardado en quedarse obsoletas ante un aumento exponencial del turismo, por lo que son varios los directores del Louvre que han pedido que se acometan nuevas obras de remodelación y que se limite aún más la cantidad de personas que pueden acceder al día al museo, en principio nunca más de treinta mil. 

El presidente Macron prometió a comienzos del año una partida presupuestaria millonaria para llevar a cabo lo que se ha denominado el Nuevo Renacimiento del Louvre y que incluirá nuevos accesos y una sala exclusiva para La Gioconda. Las obras, pese a todo, no terminarán hasta al menos el año 2031, y los trabajadores no están dispuestos a esperar tanto para ver las mejoras que reclaman. 

En 2024, el Museo del Louvre estuvo cerca de alcanzar la cifra de nueve millones de visitantes y los expertos hablan de que se podría llegar a los doce millones en los próximos años si los responsables no ponen freno a esta situación.