Aunque el hecho se conocía desde hace tiempo, las autoridades han tardado más de cinco décadas en reaccionar: una granja en la provincia de Burdur, en Turquía, empleó bloques de mármol de un yacimiento romano cercano para construir un muro. Basta echar un vistazo a las piedras de las que el muro en cuestión está formado para darse cuenta de que en ellas hay algo fuera de lo normal, ya que en su mayoría están cubiertas por inscripciones con letras muy gastadas, algunas casi ilegibles.
Ya en 1970, un grupo de arqueólogos alertó a las autoridades del Museo de Burdur de la existencia de esta construcción, pero estas se limitaron a enviar una carta al propietario diciendo que si la casa era demolida no se deshicieran de las piedras. Al menos eso es lo que ha declarado a los medios el actual dueño de la granja, yerno del hombre que la construyó en primer lugar y que fue quien llevó las piedras en carro desde el yacimiento de Takina hasta su propia parcela.
Después de tantas décadas de pasividad, parece ser que las autoridades van a proceder a recuperar estas piezas movidas por los recientes descubrimientos de los arqueólogos que las han investigado y han determinado que la inscripción forma parte de un decreto imperial de tiempos de Caracalla que pudo estar expuesto en un lugar de honor de la ciudad durante siglos.
La ciudad de Takina fue un importante enclave en esta región de la actual Turquía durante la época helenística y romana, y sin duda si los arqueólogos consiguen reconstruir esta inscripción tendremos muchos más datos acerca de su relación con los poderes imperiales y del estatuto de sus ciudadanos. Por el momento, se han ubicado vigilantes en las inmediaciones para evitar que, al conocerse la noticia, los bloques sean extraídos de forma ilegal y saqueados. La intención es demoler el muro de forma controlada para sacar las piezas y llevarlos al Museo de Burdur, donde se procederá a un estudio más sistemático de las inscripciones.