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"En busca de la guerra de Troya", de Michael Wood

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En busca de la guerra de Troya, de Michael WoodLa guerra de Troya ha fascinado al ser humano durante milenios. Desde que un poeta de la Edad Oscura de Grecia, se llamara o no Homero, dio una forma definitiva a los poemas orales que desde siglos atrás se cantaban por toda la Hélade acerca de los héroes que combatieron en el asedio de la ciudad de Troya, hombres y mujeres de todas las épocas no han dejado de entregarse con pasión a estos versos. Los artistas han recreado una y otra vez situaciones y escenas de la Guerra de Troya en sus novelas, esculturas y pinturas. Los lectores han soñado con la gloria inmortal de Aquiles, con el amor de Odiseo y las riquezas de Príamo. Con Homero y la Guerra de Troya comenzó la literatura occidental, y pocas obras, con excepción de la Biblia, han ejercido una influencia tan poderosa en nuestra cultura como la Ilíada y la Odisea.

Sin embargo, el tema de la Guerra de Troya es tan apasionante como difícil de dominar. Homero no cuenta la historia completa de la guerra, sino sólo dos acontecimientos puntuales: la muerte de Patroclo y Héctor y el regreso de Odiseo a su patria. Otros autores, como los poetas líricos o los tragediógrafos, profundizan en otros episodios concretos, pero hay que esperar hasta época muy tardía para encontrar una obra que resuma toda la Guerra de Troya desde sus orígenes hasta su desenlace. Aun así, obras como la “Pequeña Ilíada” o los resúmenes de Dictis y Dares dejan fuera muchos detalles de la tradición, historias de héroes y relatos cercanos al ciclo troyano, por lo que podemos concluir que no existe ninguna obra de la Antigüedad que aborde la Guerra de Troya en su conjunto.

Esto se complica si añadimos todos los estudios que se han realizado sobre Homero y Troya desde que en el siglo XIX se trató de demostrar o desmentir la realidad total o parcial de lo narrado en los versos de la “Ilíada” y la “Odisea”. Desde que Schliemann, e incluso antes, demostrara al mundo que siguiendo a Homero podía reconstruirse una parte de la Historia de la Edad del Bronce en el Egeo, que ciudades como Troya o Micenas habían existido en realidad y no sólo en la imaginación de los poetas, se han acumulado millones de páginas de estudios, artículos y monografías dedicados a este tema. Aun hoy, en la era de la información, no resulta sencillo reconstruir la historia de la Guerra de Troya, ni el mito, ni la realidad arqueológica. Por este motivo resulta tan recomendable la lectura del libro “En busca de la Guerra de Troya” de Michael Wood. Un libro ameno pero riguroso y completo; al alcance de todos los públicos con un mínimo de cultura, pero interesante para especialistas y amantes de la Antigüedad.

Michael Wood hace gala de una capacidad cada vez más rara entre los estudiosos, especialmente en el mundo hispánico: se maneja con igual soltura y conocimiento entre las fuentes arqueológicas y literarias. En un mundo en el que los estudios de arqueología y los literarios están cada vez más separados en las universidades, Michael Wood se muestra como un experto en ambos campos. Conoce las fuentes, tanto las principales como las menos habituales, y conoce la metodología de los filólogos y los historiadores para trabajar con ellas. Además, su formación de arqueólogo le permite utilizar el vocabulario técnico adecuado, así como leer las complejas interpretaciones de estratigrafía o tipologías cerámicas. El resultado es una obra completa, en la que encontramos a Homero de la mano de las excavaciones de Schliemann o Blegen, encontramos los fragmentos del ciclo épico arcaico junto a los archivos de Arthur Evans.

Uno de los aspectos más interesantes del libro de Michael Wood es que invita al lector a hacer un viaje por la historia del redescubrimiento de Troya desde que los viajeros del siglo XIX comenzaron a mirar las ruinas, por aquel entonces en el Imperio Otomano, con ojos de científico más que de romántico o anticuario. Y aunque la mayor parte de los interesados en el tema de Homero y Troya creen que todo comenzó con los sueños visionarios de Schliemann, Wood les saca esta idea de la cabeza analizando la labor de aquellos hombres que antes de la llegada del alemán a Turquía ya rastreaban el territorio en busca de la ciudad de Príamo. De hecho, sin ellos Schliemann difícilmente habría llegado tan lejos como lo hizo. Puesta esta base, Wood aborda de forma extensa las excavaciones de Schliemann, tanto en la colina de Hisarlik como en en otros puntos como Micenas, poniendo al alemán en el lugar de la Historia que le corresponde, que no es ni el del genial arqueólogo ni el de impostor farsante. Schliemann fue un hombre de gran personalidad y capacidad para las relaciones públicas, que sin duda cometió muchos errores, la mayoría de los cuales son tan hijos de su época como lo era el mismo.

Algo semejante hace con la figura de Arthur Evans, el descubridor y primer excavador de Cnosos, en Creta. Lejos de dar a Evans todo el mérito por el hallazgo de estos palacios y de la civilización minoica, atribuye una gran parte de ello al arqueólogo local Kalokairinos, un pionero en el estudio del Bronce en la isla de Creta. Wood otorga a Evan sus méritos y le señala sus muchos errores. Errores que fueron, como en el caso de Schiliemann, hijos de su tiempo.

Uno de los capítulos más interesantes del libro es el que dedica a los hititas y cómo el descubrimiento de esta civilización, la más antigua de cuantas han dejado restos de escritura indoeuropea, ha abierto nuevas vías de investigación para el mundo homérico y la Edad del Bronce en el Egeo. Los textos hititas con topónimos y antropónimos que algunos han relacionado con lugares y personajes del ciclo troyano revolucionaron hace ya casi un siglo los estudios de los helenistas, que creyeron haber encontrado la confirmación de que los versos de Homero hablaban de un mundo y una epopeya real. Como indica Wood, estudios posteriores, más prudentes, han puesto en duda las primeras conclusiones tan triunfales, y hoy en día el tema de la relación de los hititas con el mundo micénico sigue envuelto en la polémica.

Por último, el autor hace un amplio estudio del tema de la caída del mundo micénico, época en la que muchos enmarcan también la destrucción de Troya, relacionándolo con los llamados pueblos del mar que causaron estragos en todo el Mediterráneo oriental.

“En busca de la guerra de Troya” es, en definitiva, una obra compleja y rica en citas de fuentes y autores, pero de lectura sencilla y amena. Un libro que no puede faltar en la estantería de cualquier amante de Homero.

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