La Lusitania fue una de las regiones de romanización más intensa tras su sometimiento a las armas romanas en el siglo II a.C. Fruto de esos siglos de presencia cultural intensa es la abundancia de yacimientos arqueológicos y monumentos que se conservan en el este de la Península Ibérica, formando un área de enorme interés turístico y cultural. Área que por supuesto no distingue la frontera moderna entre España y Portugal, ya que en la Antigüedad esta demarcación no existía. Ante esto, los arqueólogos entienden que el trabajo para conocer a fondo los fenómenos urbanos de la Lusitania pasan por excavar a uno y otro lado de la frontera sin hacer distinciones y en desarrollar proyectos comunes de colaboración con el país vecino.
Uno de los proyectos más interesantes que se está desarrollando en estos momentos por iniciativa española en territorio portugués es la excavación del anfiteatro de Ammaia, en el municipio de Sao Salvador da Aramenha. Esta ciudad romana fue fundada como tal en tiempos del emperador Claudio y basó su riqueza, según nos dice Plinio, en la extracción y la exportación de cristales de roca. Hasta el momento se han excavado los restos del foro, con un templo monumental en su zona principal, algunas casas, un complejo termal y parte de las gradas de un teatro.
En las últimas campañas, los científicos del Museo Nacional de Arte Romano con financiación de las Ayudas a Proyectos Arqueológicos en el Exterior del Ministerio de Cultura han centrado sus esfuerzos en sacar a la luz el antigua anfiteatro de Ammaia. Estas excavaciones, que se están realizando de forma lenta y meticulosa, han permitido delimitar el perímetro del edificio para conocer su estructura interna. Por desgracia, los restos del anfiteatro son escasos, motivo por el que cualquier vestigio, por modesto que sea, puede dar una gran cantidad de información sobre el edificio.
Lo que los arqueólogos han confirmado con seguridad es que algunas zonas del anfiteatro, como una de sus puertas, dejaron de emplearse como tal a mediados del siglo III d.C., momento en el que este espacio pasó a emplearse como necrópolis. Las excavaciones, en consecuencia, tienen que cribar muy bien todo lo que pertenece a las tumbas bajoimperiales y lo que forma parte del antiguo anfiteatro. El anfiteatro en sí pudo estar activo hasta el siglo IV d.C., momento en el que empezó su declive en un proceso que se ha documentado en todo el Imperio.
El objetivo que los responsables del yacimiento se han macado a medio plazo es terminar de sacar a la luz lo que queda del edificio para integrarlo de forma efectiva en el área visitable de Ammaia e incluso poder utilizarlo para albergar algún evento cultural.