El proyecto Bosque Romano continúa su desarrollo en Cartagena con el objetivo de crear un corredor verde que una diferentes puntos de la ciudad en un paseo que una la conservación del patrimonio arqueológico cultural con la protección del medio ambiente y la vegetación autóctona. En concreto se ha estado trabajando en la Finca Medina, donde tras extraer hasta siete metros de escombros diferentes épocas se ha llegado hasta el nivel de las canteras púnicas y romanas, un espacio de gran importancia para conocer la actividad minera y constructiva de la Cartagena republicana e imperial. Tras la retirada de los escombros acumulados durante siglos, se han documentado ya hasta noventa metros de las antiguas canteras cartaginesas y romanas.
De estas canteras salieron los materiales con los que se levantaron edificios tan emblemáticos como el teatro romano de Cartagena, hoy un símbolo de la ciudad, o el Foro. De hecho, las canteras se empezaron a ser explotadas tras la fundación de la Cartago Púnica, ya que las murallas levantadas por Asdrúbal también parecen estar hechas con piedras extraídas de esta región. Incluso en época posterior estos afloramientos rocosos siguieron siendo utilizados para construir elementos como las murallas del siglo XVIII, ya de época borbónica. La importancia de estas canteras es tal que se han declarado Bien de Interés Cultural para dotarlas de un mayor nivel de protección.
Esta zona de Cartagena recibe de hecho el nombre de Canteras, y gracias al corredor del proyecto Bosque Romano tendrá una vía natural de unión con el resto del municipio a través del cual se podrán visitar a pie diversos espacios arqueológicos al tiempo que se disfruta de la flora autóctona de esta región de la Península. Para ello, se va a proceder a la retirada de todas las especies invasoras y a la plantación de hasta treinta mil ejemplares nuevos, desde hierbas aromáticas hasta grandes árboles como cipreses, encinas y madroños. Se espera que esta renaturalización del terreno suponga en una siguiente fase la recuperación de una parte de la fauna autóctona que regresaría atraída por la vegetación natural.
El proyecto Bosque Romano es un magnífico ejemplo de unión de objetivos culturales y medioambientales, en un mundo de condiciones climáticas cada vez más extremas en el que monumentos y yacimientos arqueológicos cada vez se ven más afectados por este tipo de problemas.