Los responsables de seguridad del Museo del Louvre en París han decidido cerrar durante un tiempo indefinido la Galería Campana, el espacio que esta institución dedica a la exposición de su magnífica colección de cerámicas griegas de diversas épocas. El motivo es que se han detectado problemas estructurales en los techos y en algunos de los pilares que sostienen estas cubiertas, por lo que, tanto por seguridad de los visitantes como de las valiosas piezas allí expuestas se van a acometer obras de restauración y consolidación de esta parte del edificio. Parece ser que los problemas datan de una reforma que se hizo en la década de 1930, que a largo plazo ha resultado ser contraproducente para el conjunto.
La Galería Campana abarca un total de nueve salas, en las que trabajaban alrededor de sesenta y cinco personas entre seguridad y puestos de conservación, todos los cuales han sido trasladados a otras partes del museo para que sigan desarrollando su actividad profesional.
El nombre de esta galería se debe al coleccionista italiano Giampietro Campana, uno de los mayores expertos en arte antiguo del siglo XIX además de un recopilador incansable de piezas de diversas épocas. Su colección de cerámica antigua es precisamente el grueso de lo que se expone en el Louvre en estas nueve salas.
Este cierre parcial es una muestra más de los problemas por los que atraviesa la institución museística más importante del mundo, que cada año recibe algo menos de nueve millones de visitantes. Su director, Laurence des Cars, ya puso de relieve hace unos meses los problemas que presenta el edificio, con constantes humedades y cambios de temperatura que pueden afectar a la conservación de las piezas allí conservadas. Pese a esto, los fondos que recibe el Museo del Louvre solo les permite ir cerrando y acometiendo obras parciales en espacios concretos.
Al tiempo que la masificación del turismo aumenta, el Louvre sigue evidenciando numerosas carencias, como el fallo de seguridad que permitió hace un mes que un grupo de ladrones se colaran en su interior para hacerse con un botín de joyas valorado en más de ochenta millones de euros.