La colección de algo menos de dos mil papiros carbonizados que se encontró en la Villa de los Papiros, descubierta a finales del siglo XVIII, es uno de los grandes tesoros que ha ofrecido a los arqueólogos y filólogos la ciudad de Herculano. Se cree que esta espectacular biblioteca perteneció a Lucio Calpurnio Pisón, suegro de Julio César, político y conocido bibliófilo.
Gracias a las nuevas tecnologías, estos papiros que parecían perdidos han podido ser desenrollados y leídos de forma parcial, descubriendo interesantes obras de la literatura griega y latina. Los avances más importantes se produjeron cuando se comenzó a aplicar la tomografía de rayos x, que permite acceder a su contenido sin necesidad de tocar físicamente el papiro, lo que elimina la posibilidad de dañar el delicado material.
El último papiro cuyo contenido ha trascendido al público en general contiene parte de la obra del filósofo Filodemo de Gadara llamada “Sobre los estoicos”, un recorrido por los diferentes pensadores de la escuela estoica. En concreto, el fragmento que se ha conseguido leer habla de Zenón de Citio, que vivió entre los siglos IV y III a.C. y al que se considera uno de los fundadores del estoicismo. A pesar de la enorme influencia que este autor tuvo en el pensamiento helenístico y romano, ninguna de las obras de Zenón ha sobrevivido, y solo se conocen por pequeños fragmentos. Esto añade valor al hallazgo realizado en los papiros de Herculano por el equipo de especialistas dirigido por la doctora Sofia Ceccarelli.
La técnica que han empleado se denomina termografía pulsada que se basa en la diferente reacción de la superficie del papiro cuando se ha aplicado sobre él tinta y cuando no. De este modo, en un lento proceso, puede ir desentrañándose la escritura de los rollos carbonizados y con la ayuda de un equipo de filólogos se consigue reconstruir fragmentos de texto coherente.
Hasta el momento, esta técnica es la que está ofreciendo mejores resultados, ya que no solo permite acceder al texto sino a toda la estructura del papiro y saber cómo era su composición y preparación previa antes del proceso de escritura. El equipo de Ceccarelli está trabajando además en aplicar inteligencia artificial al proceso, lo que agilizaría los resultados y permitiría sistematizar sus resultados.
De este modo, obras que hasta el momento se consideraban perdidas de forma irremediable y papiros tan delicados que se pensaba que jamás podría trabajarse con ellos serán accesibles para los investigadores en los próximos años. Toda una revolución en los estudios filológicos que podría afectar a otras disciplinas como la historia o la arqueología.