El evergetismo, la práctica de algunos ciudadanos ricos de promover las obras públicas y las mejoras en sus comunidades, fue uno de los grandes motores de la creación artística y de la construcción de monumentos en la Antigüedad. Durante siglos, los más acaudalados donaban parte de sus riquezas para que se levantaran edificios, acueductos, carreteras… con el objetivo de embellecer las urbes al tiempo que su propio nombre y el de sus familias se veían engrandecidos. Gracias a esto, el nombre de muchos de estos ciudadanos y ciudadanas ha pasado a la historia en lugar de perderse con el paso del tiempo.
Y decimos ciudadanas porque la práctica del evergetismo, que durante mucho tiempo se ha asociado de forma casi exclusiva con los hombres, era también muy habitual en las mujeres. Hay ejemplos de estas donaciones de grandes mujeres en todo el Mediterráneo, como es el caso de Menodora, que vivió en la ciudad de Sillyon en el siglo II d.C., en tiempos del Imperio romano. Un equipo de arqueólogos de la Universidad de Pamukkale dirigido por el doctor Murat Taskiran ha encontrado la tumba de esta mujer junto con otros enterramientos de miembros de la élite de esta comunidad helenística y romana. En la tumba se ha hallado una inscripción de veintiséis líneas en la que se detallan elementos de su vida y ante todo sus enormes contribuciones a la ciudad de Sillyion.
Menodora fue una mujer rica cuya vida estuvo marcada por la pérdida: tras el fallecimiento de su padre y de su marido, Menodora perdió también a su hijo varón. Al margen del sufrimiento vital que estas muertes pudieron causarle, esto convirtió a Menodora en una viuda independiente de cualquier varón, uno de los escasos estatutos que otorgaban a las mujeres una cierta libertad. Libertad que Menodora empleó nada menos que para invertir su enorme fortuna en mejoras en su ciudad. Así, esta mujer financió la construcción de templos, de termas, de un estadio, de un gimnasio e incluso de una institución para atender y cuidar a niños huérfanos. El equipo del doctor Taskiran ha calculado que Menodora pudo gastar en esta labor evergética alrededor de trescientos mil denarios, una cifra desde luego nada desdeñable.
Esta inscripción de Menodora arroja luz sobre el papel de las mujeres en las ciudades romanas, un rol que durante mucho tiempo fue minimizado y que en las últimas décadas ha empezado a ser estudiado y puesto en valor con más detalle.