A lo largo de los dos milenios que han transcurrido desde su muerte, Julio César ha pasado de ser un personaje histórico a convertirse en un icono de la cultura popular occidental capaz de condensar en su figura todo lo que representa la Roma antigua. Como tal, ha sido protagonista de cuadros, obras teatrales, óperas, películas, series, novelas y comics en los que la realidad histórica era secundaria y lo importante era el poder evocador del personaje y su capacidad para enamorar al público.
La última gran obra de ficción que ha llegado al mercado hispano, con permiso de las novelas de Posteguillo, es el cómic Yo, Julio César, escrito por el francés Alfred de Montesquiou con dibujo de Nevil y color de Vérane Ótero. Este cómic, publicado en España por Reservoir Books, nos cuenta la vida de Cayo Julio César desde su infancia hasta los acontecimientos de las idus de marzo del 44 a.C. Frente a otras obras de ficción que son casi hagiográficas, este cómic ha hecho un uso estricto y sistemático de las fuentes literarias para mostrar un César humano que va más allá del héroe romano que algunos han querido presentar.
Pese a que desde el punto de vista narrativo todos los críticos han señalado la capacidad de combinar el rigor histórico con un ritmo que engancha al lector, el apartado gráfico no termina de estar a la altura de esto. El dibujo parece poco acabado, y desde luego nada espectacular, mientras que los colores son excesivamente planos y apenas aportan nada a la obra.
La edición de Reservoir Books ha respetado un apartado final presente también en el original en el que los autores hablan de las fuentes consultadas y de los historiadores que han contribuido con sus revisiones y consejos.
Y, Julio César es, en definitiva, una obra impecable a nivel narrativo que gustará a quienes se fijan más en esta parte del cómic pero que desde luego no enamorará a nadie por sus cualidades gráficas e incluso que disgustará a más de uno que espere grandes cosas en este aspecto.