Aunque, como es lógico, las noticias que llegan cada día de los constantes ataques sobre Gaza por parte del ejército de Israel ponen el foco en las víctimas humanas, la realidad es que el pueblo palestino está perdiendo en estos últimos años más que una generación entera de hombres y mujeres. Los bombardeos israelíes que están arrasando con Gaza están destruyendo también de forma sistemática e irreparable todo el patrimonio artístico y arqueológico del que esta región podía presumir hace un tiempo.
La Comisión Independiente de Investigación de la ONU sobre los Territorios Palestinos Ocupados ha publicado un informe según el cual más de la mitad del patrimonio gazatí ha sido o completamente destruido o dañado de forma irreparable desde que comenzaron los bombardeos. Aunque resulta imposible cuantificar con cifras la magnitud de estos daños, algunos especialistas hablan de unas pérdidas de alrededor de 55 millones de dólares, una cifra desde todo punto de vista ridícula si tenemos en cuenta la magnitud de la destrucción.
Las autoridades israelíes han insistido en que desde el comienzo de los ataques se ha dado orden de prohibir los saqueos y la destrucción intencionado de lugares de interés cultural, algo que no parece estar cumpliéndose. En el caso de algunos monumentos como la Gran Mezquita de Omari o el Baño Samaritano, unas termas preislámicas que alcanzaron su esplendor en época otomana, estos han sido destruidos bajo el argumento de que servían de escondite para arsenales en manos de los terroristas, un argumento que el ejército israelí ha utilizado también para bombardear hospitales y otros puntos de importancia para la población gazatí.
En lo que afecta a la arqueología clásica por desgracia no hay apenas información acerca de la situación de yacimientos como el llamado cementerio romano, un espacio hallado hace apenas dos años y en el que se han documentado más de un centenar de tumbas. El cementerio romano tuvo que ser enterrado de nuevo en un primer momento debido a la falta de fondos de las autoridades gazatíes para acometer una excavación sistemática, pero poco antes del inicio de la ofensiva israelí la ayuda de fondos franceses permitió que las investigaciones empezaran a desarrollarse.
Por desgracia, las condiciones a las que los periodistas y los enviados de la ONU deben hacer frente en Gaza, expuestos a los ataques del ejército israelí, hacen muy difícil la constatación de estos datos, que podrían ir mucho más allá de lo expuesto. La destrucción y el robo del patrimonio resulta un arma muy poderosa cuando el objetivo es acabar con la identidad de un pueblo de forma que este se desvincule de la tierra en la que vive.